ÍNDICE POLÍTICO/ Niega lo evidente: Sí hay crisis y se pondrá peor

FRANCISCO RODRÍGUEZ

Quien incursiona en política sin mayores atributos, poseído solo por una gran ambición y dueño de pocas luces, es fácil presa de la manipulación desenfrenada de los aduladores cercanos. Remitirse a los hechos también es cosa fácil para comprobarlo en el terreno de la práctica del poder. A lo largo de los tiempos, existen montañas de ejemplos al respecto.

‎Para empezar, el instinto de conservación mínimo jamás le aconsejaría a un sujeto así tomar las peores consejas, pues se está ahogando en el pantano de una crisis económica desgarradora, terminal, y en un cementerio de muertes por la inseguridad incontrolada –de la cual no se tiene manejo crítico ni solución alternativa por falta de elementos capaces.

En un generoso y dolido territorio, dominado por dictadores, cuartelazos, y caudillos populistas, ahora hemos sido asaltados por actores primerizos, de aprendizaje retardado, de vocación decadente, en ocasiones trágicas ‎y francamente desmesuradas.

Que no lo merecemos, ni duda cabe, pero que es un hecho, desgraciadamente así ha sido, así es. Es lo que hay. Sólo nos falta ver pa’ donde hacernos. Es la hora climática del anticlímax.

En esta hora la señora Claudia Sheinbaum niega lo evidente. Las finanzas públicas están en bancarrota, la economía no avanza, sino que va para atrás y, por supuesto, su partido, Morena, está tambaleante.

De nada sirve desvirtuar o de plano negar el diagnóstico de la revista británica The Economist si la realidad que vivimos a diario 130 millones de mexicanos nos lo confirma.

La crisis de las ideas es una la realidad

La crisis que ha padecido México los últimos siete años –sumados a los 70 anteriores– en los terrenos económico, político, social y cultural no ha tocado fondo. En el aspecto fiscal, salarial, financiero, de acumulación, del desarrollo industrial, agrícola, manufacturero y de servicios, acusa agudas contradicciones y desequilibrios profundos. No hay desarrollo, ni siquiera crecimiento y, mucho menos, equidad.

La crisis de las ideas es pareja con la realidad. México ha querido seguir resolviendo sus paradojas con los mismos instrumentos políticos y los mismos retintines de siempre. Nadie sacudió el enjambre, y las diferencias se incrementaron. ‎Una élite parasitaria –morenistas y empresarios con los que hacen negocios corruptos–, favorecida con todos los instrumentos del Estado se ha consolidado sobre todas las demás.

El modelo, llámese como le gusten llamar, ya sea de sustitución de importaciones, de desarrollo estabilizador, de desarrollo con justicia o “Plan México” no ha logrado más que perpetuar las variables. Y las soluciones cada vez son más lejanas. No hay materia prima para hacer ni aspirinas, se azolvan los ríos y las presas, los tractores se hacen viejos y el campo duerme el sueño de los justos, en manos de los injustos.

El capital físico y humano se desperdicia. El capital monetario y crediticio se concentra cada vez más en muy pocas manos, y la olla de presión puede estallar, a falta de pivotes de desfogue. Ciento treinta millones de mexicanos no se conforman con ver que sólo el uno por ciento de la población nada en la abundancia. La pirámide está al revés.

Y por si aún no se da cuenta la pandilla de dirigentes coyotes que se han establecido en la cúspide, no hay población posible que resista estas inequidades. Dense de santos que ‎no estalló un movimiento armado que los llamara a cuentas en el acto. Será por la vía institucional, de las elecciones, ¡enhorabuena!

Claudia Sheinbaum está aterrorizada

Un rancio retroceso y un desvelado e hipócrita patriotismo –“país libre, autónomo, soberano”, etc.– disfraza los intereses reales de una minoría chusca y depredadora. Extirparon valores consagrados de libertad, equidad y universalidad para vaciar la democracia de contenido y postergar las banderas de la autenticidad ciudadana.

La expresión “primero los pobres” no designa hoy nada positivo. El “pensamiento” del régimen de Cuarta…, hoy vencido, aún existe, pero sus decálogos, catastróficos y vacíos no son más que un contra pensamiento. Sus ideólogos, sabiéndose condenados, esquivan la hecatombe. Son ellos o el diluvio. Y fabrican una ideología del miedo.

Las reglas de la mentira y la sospecha ubican al margen de la ley, como enemigos del Estado, a cualquier ser pensante o diferente. Redujeron las prestaciones, suprimieron las protecciones y garantías sociales y edificaron sobre las dádivas del supuesto Bienestar sus enormes beneficios personales. Y miedo a perder la beca o los 3 mil pesos bimestrales se apodera de las mayorías.

Sí, porque el miedo es la medicina idónea de los conservadores para atacar la razón, el raciocinio y la solidaridad humana.

Allí donde hay miedo, siempre existe una clase gobernante que le tiene terror a la equidad.

Y Claudia Sheinbaum está aterrorizada.

El diagnóstico de The Economist, ella lo sabe, es certero.

En lugar de negarlo, debería ponerse a trabajar.

Indicios

También buena parte de la sociedad vive aterrorizada y cada día más empobrecida por la imparable actividad delincuencial. Mario Luis Fuentes lo explica en un artículo publicado en el portal de Carmen Aristegui: “Desde el punto de vista económico, (la extorsión) implica una extracción continua de rentas que reduce márgenes de ganancia, desalienta la inversión, precariza el empleo y empuja a la informalidad o al cierre definitivo de pequeños y medianos negocios. En esa lógica, la extorsión puede entenderse como una patología del poder. Allí donde el Estado no logra monopolizar legítimamente la coerción, emergen actores que imitan sus funciones de manera perversa: cobran, regulan, castigan y secuestran, desaparecen personas o matan. El crimen organizado no solo vende protección; impone una forma de orden basada en el miedo. En muchas economías locales, el “derecho de piso” se convierte en una condición de posibilidad para operar, una suerte de tributo privado que sustituye al impuesto público o que se suma como costo adicional y que, al hacerlo, vacía de contenido la soberanía estatal en el nivel más elemental: el de la vida económica cotidiana.” * * * Por hoy es todo. Como siempre, reconozco que haya leído este texto. Y le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

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