
MARTÍN DE J. TAKAGUI
Desde hace un poco más de siete años el viejo expresidente Andrés López Obrador prometió a los mexicanos “se van a acabar las masacres” asegurando que las cosas iban a ser diferentes cuando él asumiera la Presidencia de la República, pues los mexicanos debemos vivir en un ambiente de paz.
Aseguró que habría de pacificar al país mediante su inocente estrategia de abrazos y no balazos, cosa que se entendió y al paso de los años se interpretó como una forma de evitar la lucha en contra del crimen organizado, lo que, para muchos sectores de los mexicanos significó la participación del gobierno en los crímenes de los delincuentes organizados.
Lamentablemente el deterioro de la conciencia de la sociedad, la pérdida de valores humanos, la falta de educación cívica con respeto, a la vida, a los derechos de los demás, ha llegado a los límites de la brutalidad, en donde la gente mata por matar, mata a sueldo y pareciera que mata por el placer de ver cómo caen uno a uno, como los soldaditos en la feria con los rifles de municiones.
Las municiones del crimen organizado si matan y laceran a la sociedad mexicana día con día, no existe día en que haya menos de 50 muertos en el país y los estados en donde se cometen siempre son los mismos, como lo fue la masacre del domingo pasado en un campo de futbol en el municipio de Salamanca, Guanajuato.
Al menos 11 muertos y 12 heridos, a manos de un comando que llegó en dos camionetas hasta las canchas de futbol llanero en Salamanca, dejando la cancha bañada en sangre, convirtiendo en una masacre, lo que debía ser un domingo de convivencia, de futbol y familias que hoy están de luto.
Impunidad y más impunidad, inacción de los gobiernos, fiscalías generales de justicia ineficientes, corporaciones policíacas que no investigan y que prefieren no llegar a las emergencias porque saben que los criminales superan por mucho las capacidades armamentistas y numéricas de los uniformados. Su vida corre peligro si llegan a tiempo.
Pero lo peor de todo esto es que no se ve para cuando las cosas vayan a cambiar en beneficio de la sociedad y de la vida, no hay detenidos, nunca llegan a la cárcel los asesinos. La presidenta Claudia Sheinbaum asegura que “el gabinete de seguridad está coordinado con la Fiscalía General de Justicia de Guanajuato”; “la Fiscalía emitió un comunicado”; “la Gobernadora informó que hay coordinación”.
Alto! De nada sirve que haya coordinación, que haya comunicados, que haya participación el gabinete de seguridad, lo que los mexicanos queremos es que se haga justicia las víctimas y sus familias no quieren saber si hay coordinación interinstitucional o no, lo que quieren es que se sancione, que se castigue a los responsables.
Pero aun cuando las autoridades pudieran encarcelar a los criminales, a los responsables de esos crímenes que ni en las guerras se han visto, no hay capacidad en las cárceles para meter a todos los asesinos, si las autoridades fueran muy eficientes.
Lo más importante en la lucha contra el crimen organizado y contra el crimen, en general, es la prevención del delito y no existe mejor fórmula de la prevención que la educación, los valores humanos, los valores sociales, esos que se han perdido, porque los gobiernos del último cuarto de siglo, hizo a un lado esa formación humana con valores.
Desde la época del presidente Ernesto Zedillo la Secretaría de Educación Pública, que también él encabezó en la administración de Carlos Salinas de Gortari, determinó que la materia de Civismo o Educación Cívica desapareciera de los programas educativos, tanto de primaria como de secundaria.
Hoy los alumnos, los jóvenes y muchos señores y señoras tampoco saben lo que es el civismo, el respeto individual por la sociedad, el valor de la familia, la consideración de que la familia es la célula de la sociedad.
Todo eso era lo que nos enseñaban en esa materia cuando fuimos niños y hoy la gente podría decir y con mucha razón que ya pienso igual que AMLO en materia de abrazos y no balazos, pero la verdad es que la conciencia se forma de esa manera, el miedo a la policía, el respeto a la autoridad, la solidaridad con el vecino se inculcaba en la escuela, pero se reforzaba en la casa.
De no retomarse esa formación humana, de la forma en que se quiera hacer, en casa o en la escuela o desde las redes sociales, la radio o la televisión, cada día será más difícil la tarea de combatir a los criminales.
Debemos, como sociedad optar por la educación con valores.
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