
ROGER LAID
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chiapas. Durante años, uno de los silencios más peligrosos en materia de seguridad pública fue aceptar que las instituciones estaban peor armadas que la delincuencia organizada. Ese rezago no solo ponía en riesgo a los ciudadanos, sino también —y de manera directa— a los elementos que todos los días salen a cumplir su deber con equipo obsoleto.
Por eso, el anuncio de la Secretaría de Seguridad del Pueblo sobre la renovación de armamento y la realización de pruebas con fusiles Galil calibre 5.56 no es un dato menor: es una señal política y operativa de que el Estado comienza a cerrar una brecha que nunca debió existir.
Las pruebas, realizadas en el Cuartel Llano San Juan, con la participación de elementos de la Guardia Estatal Complementaria y de instructores de tiro de la Universidad de Seguridad Pública del Sureste (USEPS), incluyeron la evaluación de 110 armas largas, así como prácticas de tiro básico orientadas a conocer su manejo, operación y detectar posibles fallas antes de su incorporación definitiva.
El Galil calibre 5.56×45 mm es un fusil de origen israelí, reconocido a nivel internacional por su confiabilidad, resistencia y precisión en condiciones adversas. Es un arma diseñada para uso institucional, con un alcance efectivo aproximado de hasta 480 metros, compatible con munición estándar OTAN, y pensada para ofrecer mayor control y estabilidad frente a plataformas más antiguas que ya no responden a los desafíos actuales.
PROTEGER LA PRIMERA LINEA
No se trata de militarizar el discurso, sino de equilibrar la realidad. Hoy los grupos criminales operan con armamento moderno, de alto poder y sin restricciones (armas que entran al país en su mayoría del lado norte, pero ese será otro tema).
Sin embargo, pretender enfrentarlos con equipos desfasados no es prudencia: es irresponsabilidad.
La sustitución de armamento obsoleto no debe verse como una concesión, sino como una obligación del Estado. La seguridad pública no se fortalece solo con discursos, sino con capacitación, inteligencia y herramientas adecuadas para quienes están en la primera línea.
Que estas pruebas se realicen con protocolos, supervisión técnica y evaluación previa habla también de una política de seguridad más profesional, donde el equipo no se entrega a ciegas, sino tras verificar su funcionamiento y adecuación a los estándares institucionales.
ARRAIGAR LA PAZ
Actualizar el armamento no es apostar por la violencia; es reducir la vulnerabilidad del Estado. ¡Y cuando el Estado deja de estar en desventaja, la delincuencia pierde terreno!.
La buena noticia no es solo que haya nuevas armas, sino que por fin se esté entendiendo algo básico:
la paz también se construye cuando las instituciones dejan de estar un paso atrás.
NO HAY IMPROVISACIÓN
Porque la seguridad no se garantiza con conferencias ni con frases hechas, sino con decisiones que se traducen en hechos. En este caso, el Estado de Chiapas no se quedó en el discurso y asumió una realidad incómoda: no se puede exigir resultados a las corporaciones si se les manda a enfrentar a la delincuencia con herramientas del pasado.
La renovación del armamento y la evaluación técnica de fusiles Galil calibre 5.56 marcan un punto de quiebre. Aquí no hay improvisación ni simulación: hay planeación, pruebas, capacitación y sustitución de equipo obsoleto. Eso es gobernar con responsabilidad.
Bajo el liderazgo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, la política de seguridad ha marcado una diferencia clara respecto a otras administraciones: se actúa, no se administra el problema. Se entiende que proteger a la ciudadanía también implica proteger a quienes la cuidan.
En tiempos donde muchos gobiernos se refugian en el discurso, Chiapas envía un mensaje distinto al resto del pais: el Estado no está rebasado ni resignado. Está tomando decisiones difíciles, pero necesarias, para recuperar terreno y garantizar condiciones reales de seguridad.
Porque cuando el gobierno cumple, se nota.
Y cuando la seguridad deja de ser promesa para convertirse en acción, la ciudadanía lo percibe.
En Chiapas, hoy, la seguridad comienza a dejar de ser una narrativa… para convertirse en una responsabilidad asumida y cumplida.
Puntos Suspensivos…
Infantería de marina y los marinos, fuerzas especiales a finales de los 90´s inicios del 2000 utilizaron el fusil de asalto Galil culata retráctil y en realidad ganaron confianza. (aunque su peso es de considerar 3.7 y 4.3 kg con cargador y riel).
Opiniones quejas y sugerencias al 9611897730
Miembro de la asociación de Periodistas Unidos de Chiapas) PUCH)
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