
GREGORIO ORTEGA MOLINA
*“…Todos se vuelven cómplices y el sentimiento de culpa se extiende a toda la sociedad. El terror se generaliza: ya no hay sino persecutores y perseguidos. El persecutor, por otra parte, se transforma muy fácilmente en perseguido. Basta una revuelta de la máquina política. Y nadie escapa a esta dialéctica feroz, ni los dirigentes…Es el poder, aislado en su misma potencia, sin relación ni compromiso con el mundo exterior… La Chingada es aún más pasiva. Su pasividad es abyecta: no ofrece resistencia a la violencia, es un montón inerte de sangre, huesos y polvo. Su mancha es constitucional”
Los fanáticos de la 4T se embriagan de las babas que cuelgan del genio y la habilidad verbal de Andrés López Obrador y, ahora, de Claudia Sheinbaum Pardo. Gobiernan por la palabra, en esa idea de que primero fue el verbo, con minúscula, porque no tiene el alcance bíblico.
Tanto políticos y empresarios y líderes sociales y sindicales que dependen de la munificencia de esa agrupación política, de la ceguera legal ante el crimen organizado y la alcahuetería que garantiza la impunidad, olvidaron leer o decidieron olvidar El laberinto de la soledad, donde Octavio Paz describe apropiadamente lo que el líder moral del movimiento practica a los mexicanos. Sin descanso, con solaz alegría, se fornica a la Patria, la Nación, las instituciones, pero sobre todo a la Constitución, es a la primera que se pasa por las armas.
Sin tapujos decidió avisarnos en cuanto comunicó, a quien quisiera oírlo, el descriptivo nombre de su refugio, su rancho, propiedad de la que es incapaz de demostrar origen y propiedad legal, remozada y protegida con los recursos fiscales del México bueno y sabio.
La pasividad social y política se paga. El descriptivo y honrado filólogo y lingüista Paco Ignacio Taibo II fue incapaz de contenerse: “Se las dejamos ir doblada”. Ni manera de desmentirlo.
En el capítulo IV, Los hijos de la Malinche, Leamos: “ …Todos se vuelven cómplices y el sentimiento de culpa se extiende a toda la sociedad. El terror se generaliza: ya no hay sino persecutores y perseguidos. El persecutor, por otra parte, se transforma muy fácilmente en perseguido. Basta una revuelta de la máquina política. Y nadie escapa a esta dialéctica feroz, ni los dirigentes.
“La palabra chingar (…) define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa.
“…Es el poder, aislado en su misma potencia, sin relación ni compromiso con el mundo exterior… La Chingada es aún más pasiva. Su pasividad es abyecta: no ofrece resistencia a la violencia, es un montón inerte de sangre, huesos y polvo. Su mancha es constitucional y reside, según se ha dicho más arriba, en su sexo. Esta pasividad abierta al exterior la lleva a perder su identidad: es la Chingada. Pierde su nombre, no es nadie ya, se confunde con la nada, es la Nada…”.
La afirmación que nos endilgó el sabio Paco Ignacio Taibo II nos es restregada en la cara desde las mañaneras: se las dejamos ir doblada.
@OrtegaGregorio
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