EL OTRO DATO/ Corrupción, muro contra crecimiento

JUAN CHÁVEZ

Hay un gobierno encubridor.

En el sexenio pasado la economía se frenó por la política de “abrazos, no balazos” que propició el crecimiento del narcocrimen y la incertidumbre en las inversiones.

Ahora sufrimos un gobierno que tolera la corrupción en los altos niveles del morenismo y quizá aguarde que, de Estados Unidos, concretamente de Donald Trump, parta la iniciativa y acción para detener a los narcos políticos que todos identificamos y que Palacio Nacional está consintiendo.

Hay tolerancia para los malos de Morena que, bajo el manto protector de la austeridad, le dan cuerda al gasto millonario en viajes costosos al Viejo Mundo.

Si no se crea empleo, la economía no crecerá y sin crecimiento económico, la recaudación de impuestos llegará a un límite que dejará frío al erario nacional.

El riesgo de estancamiento de la economía, entonces, se acelerará, alertan especialistas.

El presidente de la Asociación Mexicana de Gasto Público, Eduardo Gómez de la O, asegura que los impuestos son limitados y están decreciendo con una economía que no aporta más contribuciones tributarias.

Antonio Ruiz Porras, académico de la Universidad de Guadalajara, alerta que el sistema recaudatorio en México es deficiente para estándares internacionales.

Para especialistas en economía esto no significa buenas noticias: la economía nacional no está creciendo, por lo que se corre el riesgo de que la recaudación se contraiga y se deba recurrir al endeudamiento para cubrir el alto gasto social de la Federación.

Además, el combate a la evasión fiscal no es más que un mero discurso que no se ve reflejado en los ingresos del Gobierno, pues el país necesita una reforma fiscal “con urgencia”, advierten.

Sin crecimiento económico, la recaudación de impuestos está al límite y aumenta el riesgo de estancamiento.

El presidente de la Asociación Mexicana de Gasto Público, Eduardo Gómez de la O, asegura que los impuestos son limitados y están decreciendo con una economía que no aporta más contribuciones tributarias.

“La economía no está creciendo. Si siguiéramos así, seguramente en dos, tres años, esta eficiencia recaudatoria se vería muy limitada si no hay reforma fiscal, si no incorporas a la economía digital, si no incorporas a las nuevas actividades económicas, como la economía circular, el crecimiento de la inteligencia artificial a los esquemas tributarios”, añade.

El experto señala que el sector primario del país no puede aportar más impuestos. El sector manufacturero está en crisis desde hace 18 meses y el terciario no crece. “Si la actividad económica no crece, el IVA no crece, la renta no va a crecer y los pocos espacios de eficiencia se están agotando con la misma base tributaria. Hay que crecerla, y esto requiere la reforma fiscal de gran calado”.

Antonio Ruiz Porras, académico de la Universidad de Guadalajara, alerta que el sistema recaudatorio en México es deficiente para estándares internacionales. Además, mientras la expectativa de crecimiento económico es inferior a un punto porcentual, el aumento en los impuestos es cerca de cinco veces superior.

Asimismo, el experto advierte que, pese al récord en la recaudación, se corre el riesgo de generar déficits en las finanzas públicas debido al alto gasto en programas sociales del Gobierno federal. Es decir, se necesitan más recursos de los que se obtienen, por lo que se podría pensar en recurrir al endeudamiento.

La presidenta Sheinbaum parece que piensa mantener en el manto protector a los corruptos, y tristemente también, a los incapaces.

Hay un enorme debate sobre cuál es el problema más serio y grave de México. Para algunos, la corrupción enquistada que, a pesar de los discursos y las payasadas de “no somos como los de antes” (son ciertamente peores), permanece, se agranda y multiplica.

Para otros, el debilitamiento de la democracia con la desaparición de instituciones y organismos autónomos que nacieron como un contrapeso al poder presidencial.

Uno más es la brutal inseguridad que afecta a estados, ciudades, municipios, carreteras y múltiples negocios y empresas que, ante las amenazas, prefieren cerrar y desaparecer.

Pero hay otro problema esencial que impide el crecimiento de México, la consolidación de una democracia seria, con Estado de derecho y con rendición de cuentas: la impunidad.

Los políticos son corruptos y hacen negocios, y obtienen contratos, y reparten concesiones a sus allegados, porque no hay autoridad, ley o juez que los detenga.

López Obrador fue tan mal presidente que se daba por descontada la protección absoluta que brindaba a los suyos, incluso, a sabiendas de que estaban sucios.

A juicio del expresidente, su aportación “al movimiento” era más valiosa y trascendente que algunos “pecadillos” y tranzas, a su consideración, menores.

Pero lo cierto es que no tocó a nadie; no encarceló a nadie durante su administración.

La cantada y sobada corrupción sirvió de lema y de perorata electoral, pero nunca se convirtió en una realidad su combate con la política, la concreción del sistema anticorrupción ya votado y legislado en el gobierno de Peña Nieto.

Al contrario. AMLO desmontó el sistema y dijo que era muy costoso.

Resultado: cero combates a la corrupción. Y ahí tenemos ahora los nuevos negocios morenistas, los senadores, las tierras, el huachicol y todo lo que se va descubriendo poco a poco.

No pasa nada porque prevalece la impunidad, la incapacidad de un sistema de justicia —ahora reformado— y de una Fiscalía General para combatir los delitos reales, los que afectan a la gente. No los políticos, esos que se valen de la justicia como un brazo de control y represión gubernamental.

Entonces, pues ahí están todos los visibles y los que no vemos. Los adanes, los rochas en Sinaloa y su compadrazgo criminal respaldado vergonzosamente por López y por Sheinbaum.

La presidenta parece que piensa mantener este manto protector a los corruptos, y tristemente también, a los incapaces.

Ahí tienen ustedes la designación del lamentable Francisco Garduño, este incapaz exdirector del Instituto de Migración, cuando la tragedia en el centro de detención en Ciudad Juárez provocó la muerte de 40 migrantes. Inaudito. Con investigaciones criminales sobre sus hombros, por negligencia y torpeza, la presidenta lo nombra al interior de la SEP como director de Centros de Formación para el Trabajo.

O el de la recién removida Josefa González Blanco como embajadora del Reino Unido, con solo 16 denuncias en su contra por acoso y maltrato laboral. Sheinbaum declara sin vergüenza alguna que “hizo un buen trabajo”.

En algún momento, esta protección de los corruptos e incapaces en Pemex, en el Infonavit, en la SEP, en el Senado o en los gobiernos estatales, le pasará factura a Morena como un movimiento de hampones e irresponsables.

Lo trágico es que afecta a los mexicanos, al erario y a vidas humanas.

Ahí tiene usted los trenes, o el histórico derrumbe del Metro cuando ella era jefa de Gobierno; tampoco concluyó en ninguna responsabilidad de funcionarios o servidores anteriores.

Morena ya es sinónimo de encubrimiento, de impunidad, de pertenencia a una organización que otorga credenciales —casi libres— para cometer faltas administrativas, legales, hasta criminales, y nadie hace nada.

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