
Cuanto más cautelosamente demores
en escribir una idea, más madura será
su desarrollo al entregarse a sí misma
Walter Benjamin
ARTURO SUÁREZ RAMÍREZ/ @arturosuarez
Una de las banderas de López Obrador cuando fue oposición era que con ellos se terminarían la corrupción y la impunidad; que llevaría ante la justicia a los de la llamada mafia del poder. Pero cuando pudo, le temblaron las corvas. Incluso se decían superiores morales, pero poco a poco, con palabras, acciones y omisiones, mostraron que todo era pura retórica barata: eran iguales, al fin y al cabo, formados en el más rancio priismo. No supo barrer las escaleras y terminó siendo tapadera y solapador de corruptos; eso se convirtió en política de Estado.
Esa línea de la corrupción no debería cruzarla ningún gobierno, pero en nuestra historia es una constante. Claro que era ingenuo pensar que López y los suyos no se atreverían. Pronto quedó demostrado con el caso Segalmex y el desvío de 17 mil millones de pesos que nada había cambiado: los machucones fueron protegidos, solo los cambiaron de cargo, mientras López declaraba que habían sido unos priistas malvados los que engañaron a Ignacio Ovalle Fernández y culpaba a los medios por preguntar, por ser amarillistas y, sobre todo, por generar campañas para descarrilar a un gobierno honesto.
Resulta perverso —y ahora se ve con claridad— la demolición de los órganos autónomos y de transparencia. Con eso tienen el control para dar información a su gusto o a medias, todo escudado en una austeridad republicana que solo practicaba López. Ahora se muestran como son. Los priistas institucionalizaron la corrupción y costó mucho construir instituciones para vigilar el actuar de los funcionarios y cuidar los dineros públicos; en estos tiempos han pretendido normalizar la corrupción y a su compañera inseparable: la impunidad.
Con López y ahora con Claudia Sheinbaum se pagan facturas, y si se portan mal, pues se les premia con embajadas y consulados: alejarlos para que los escándalos no reboten en Palacio Nacional. Ejemplos hay varios; el último, Alejandro Gertz Manero, exfiscal que se irá al Reino Unido. Su nombramiento es mero trámite en las cámaras. Otro que suena para marcharse a una embajada es Adán Augusto López, quien arrastra el escándalo de “La Barredora” y que causó mucho escozor en Palacio.
El 27 de marzo de 2023 se registró un incendio en el Centro para Migrantes de Ciudad Juárez. La tragedia dejó 40 fallecidos; alguien los encerró y simplemente no pudieron escapar. Francisco Garduño era el titular. De nuevo, la defensa a ultranza desde el púlpito matutino de López. El hecho causó indignación internacional y generó dudas sobre el trato a los migrantes por parte de las autoridades mexicanas. A Garduño se le abrió proceso y luego resultó inocente, aunque el estigma lo carga. Ahora lo han nombrado director general de Centros de Formación para el Trabajo de la Secretaría de Educación Pública.
Para recuperar la credibilidad ciudadana, cuando hay escándalos debe haber investigaciones autónomas, sanciones ejemplares, transparencia real y cero protecciones a los cercanos. Todo lo demás es simulación, como en el pasado.
¿A poco no se parece al caso y desenlace de la Guardería ABC, en el que todos resultaron inocentes?… pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.
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