
IRMA PILAR ORTIZ
Por una decisión unipersonal, cual autocracia, la oposición en México se desvaneció, dejó de existir y sobre todo de importar.
La opinión política de casi 23 millones de mexicanos que se manifestaron en las urnas en los comicios del 2024, y que no coinciden con el partido en el poder, no interesa.
Todo porque así lo decidió Claudia Sheinbaum, quien, con ese menosprecio a los partidos de oposición, dejo claro que, para hacer una Reforma Electoral, solo la opinión de Morena es la que se tomará en cuenta.
PT y PVEM, por más que tratan de meterse en la foto y aparentar que su punto de vista sí interesa al poder, todo indica que se tendrán que resignar a lo que se decida desde Palacio Nacional, donde se ha demostrado que las prácticas democráticas son para los demás, menos para los de la casa.
En un ejercicio de imaginación qué bien se vería la presidenta Sheinbaum convocando a todos los partidos políticos, en un acto de cohesión social, a replantear las reglas del juego y avanzar en el incipiente proceso democrático que se vive en México y decir: “bienvenida la diversidad, el disenso y la pluralidad”.
Pero, no.
De plano desechó las propuestas de reforma electoral que presentaron agrupaciones como Salvemos a la Democracia, que tiene como rostro más visible a Claudio X González, pero que no es sólo él. Son miles de mexicanos.
Y la de Somos México, que llevó como invitado a Lorenzo Córdova a la presentación de su propuesta de Reforma Electoral ante la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, sin que el ex presidente del INE forme parte de esa agrupación.
Claudia Sheinbaum afirma que la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral ya escuchó a todos, pero que lo que opinan los partidos de oposición no importa. Así, con la mano en la cintura ya dijo que aquí se hace lo que ellos quieren, nada más.
Esto quiere decir que los 6 millones 204 mil 710 mexicanos que votaron por MC no importan; ni los16 millones 502 mil 697 del PAN-PRI-PRD. Esos casi 23 millones de electores, que no simpatizan con Morena, no existen para ellos.
Y cómo no, si bien lo explicó el coordinador de los diputados del PT, Reginaldo Sandoval quien sin más dijo: “si la 4T ya tiene al Legislativo, al Ejecutivo y ganaron al Poder Judicial, qué necesidad hay de una Reforma Electoral” y aquí se puede agregar, para qué tomar en cuenta a los demás si no los necesitamos.
Lejos de lo que debe ser una Estadista, convocar a la unidad del país y mantener fortalecida la cohesión social, tan importante ante los embates de Donald Trump, Sheinbaum Pardo prefiere denostar y descalificar a los que no piensan como ellos.
Dijo: “Nadie va a poder decir que vamos al autoritarismo, que en México la presidenta quiere tener el control de todo, que Morena ahora va a ser el único partido que exista en el mundo”. Más que una declaración política de concordia, parece una advertencia, una amenaza.
Desde el Gobierno afirman que, de acuerdo a encuestas que ellos mismos realizan, la ciudadanía quiere:
Reducción de los gastos de partidos y al INE; mantener autonomía del INE; cambiar la forma de establecer la representación proporcional; mayor participación ciudadana en todo el país; participación de los mexicanos en el exterior; y disminuir el número de regidores.
Dice el PT y PVEM que ellos no están de acuerdo en que les reduzcan sus prerrogativas ni que la representación proporcional desaparezca.
Y cómo no si los líderes de esas dos agrupaciones políticas viven de los recursos públicos que les entrega puntualmente el INE y son ellos los que brincan de las diputaciones al Senado de la República, sin que ningún otro militante tenga la posibilidad de acceder por la vía plurinominal al Legislativo.
Esos cotos de poder son de los dirigentes que llevan décadas chupando los recursos, conocidos como prerrogativas, que se les entregan, con la noble intención de fortalecer la competencia política y, por ende, la pluralidad y la democracia, que nunca antes habían enfrentado tanto peligro como ahora.
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