
EDUARDO MERAZ
México nunca ha sido la isla de la Fantasía, aunque a veces los gobiernos recientes se empeñen en pintarlo como tal: un territorio donde las promesas se cumplen con la facilidad de un guion televisivo y donde los problemas se disuelven en la bruma de discursos oficiales.
Sin embargo, la realidad se impone con la contundencia de un avión que cruza el cielo y rompe la ilusión. Y es precisamente un avión —o varios— lo que hoy nos obliga a mirar hacia arriba, hacia esas aeronaves que, con bandera norteamericana, vigilan las costas del Pacífico mexicano.
La imagen es poderosa: un radar invisible que recorre nuestro mar, un ojo extranjero que observa desde las alturas. Y entonces, como en aquella serie televisiva de los años setenta, uno imagina al pequeño personaje Tatú gritando con entusiasmo: “¡El avión, el avión!”.
Pero en esta aeronave no llegan turistas ansiosos de aventuras exóticas, sino fuerzas armadas desplegando la sombra de un gobierno que, desde el otro lado del Río Bravo, decide que es momento de intervenir, de vigilar, de exigir.
El gobierno de Estados Unidos ha bautizado estas incursiones como “actividades preventivas”; palabras suaves para disfrazar lo que en el fondo es un acto de vigilancia, un recordatorio de que la soberanía mexicana se encuentra constantemente puesta a prueba.
Y mientras tanto, en los pasillos del poder nacional, los funcionarios se preguntan si este vuelo aéreo es preludio de un aterrizaje más brusco: el de las revelaciones incómodas, de los vínculos oscuros entre gobernantes y grupos criminales.
Porque lo que inquieta no es tanto el avión en sí, sino lo que podría traer o llevar consigo: información, pruebas, nombres.
De hecho, se está ante la posibilidad de que se expongan las relaciones incestuosas entre políticos y delincuentes, esas alianzas que se tejen en silencio y que sostienen un sistema corroído por el huachicoleo fiscal, el cobro de piso, el tráfico de armas y la renta de territorios enteros a la violencia organizada.
El gobierno de la República, como suele ocurrir, responde con comunicados que buscan calmar las aguas. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes emite frases que suenan más a tranquilizantes que a explicaciones, pero la inquietud persiste.
La exigencia de responsabilidad compartida, que México tantas veces ha reclamado a Estados Unidos, parece invertirse ahora. Es el gobierno norteamericano el que demanda acción, el que presiona para que se entreguen “peces gordos”, el que insiste en tener resultados tangibles en el combate al tráfico de drogas sintéticas, en particular el fentanilo, esa sustancia que devora vidas y multiplica muertes en su territorio.
Mientras muchos mexicanos se sienten consternados por lo que consideran un acto de injerencismo, otros reconocen que la presión estadounidense responde a una realidad innegable: el crimen organizado no es un fantasma que se disipa con discursos; es una maquinaria que opera en todos los niveles de gobierno, que se infiltra en el legislativo, el ejecutivo y el judicial, que se alimenta de la complicidad de gobernadores, presidentes municipales y funcionarios federales.
La metáfora de la isla de la Fantasía se desmorona, pues aquí no hay turistas que llegan a cumplir sueños, sino gobiernos que se enfrentan a pesadillas. Y la pregunta que flota en el aire es si México está dispuesto a enfrentar esas revelaciones o si preferirá seguir mirando hacia otro lado, confiando en que los aviones se cansen de volar y regresen a su hangar.
El verdadero temor del oficialismo es si se revelan los vínculos, si se exhiben las complicidades, si se desnuda la red de intereses que sostiene al poder político y al crimen organizado, entonces la transformación que se pregona desde el segundo piso quedará reducida a escombros.
El avión, el avión… Quizás lo más inquietante es que, en el fondo, los aviones no traen nada nuevo, lo que cambia es la mirada. Ahora no somos solo nosotros quienes vemos el avión; es el mundo entero. Y en esa mirada compartida, México se enfrenta a la posibilidad de que su realidad deje de ser un secreto mal guardado y se convierta en un escándalo internacional.
El avión, el avión… Quizás algún día podamos pronunciar esas palabras con alegría, como Tatú en la isla de la Fantasía.
He dicho.
EFECTO DOMINÓ
En Palacio Nacional, nos reunimos con economistas para conversar sobre el crecimiento y la fortaleza económica de México con visión de bienestar, prosperidad compartida y justicia social, informó la presidenta Sheinbaum.
Siempre a tiempo: siete años perdidos.
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