
EDGAR GONZÁLEZ MARTÍNEZ
Según un estudio de Akamai Technologies, en ese año México registró una caída de 11% en la apertura de cuentas digitales. En efecto, a partir de ese año, el sector bancario mexicano ha experimentado una profunda transformación impulsada por la digitalización, el crecimiento de las fintech y la evolución de las expectativas de los consumidores. Estos factores han cambiado la forma en que los mexicanos gestionan sus finanzas. Sin embargo, a pesar del aumento de la conectividad y del uso generalizado de los dispositivos móviles, la adopción de cuentas exclusivamente digitales cayó.
Al respecto, Claudio Baumann, Managing Director para América Latina en Akamai Technologies, nos dice: “hoy en día, los consumidores mexicanos están más informados y esperan más de sus bancos. Ya no se trata solo de tecnología; la confianza y la experiencia general son igualmente importantes. Para mantenerse relevantes, las instituciones financieras deben seguir innovando y ofrecer servicios seguros, transparentes y personalizados”.
Cabe destacar que los hábitos financieros de los mexicanos están estrechamente ligados a factores demográficos y socioeconómicos. Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es que las tarjetas de débito son el método de pago más utilizado, con un 64% de los participantes que declararon usarlas regularmente. El uso aumenta notablemente entre los adultos mayores, especialmente en el grupo de 55 a 64 años, donde alcanza el 73%. Este patrón refleja una preferencia por métodos de pago que ofrecen facilidad y accesibilidad para administrar los gastos cotidianos.
¨Por supuesto, las transferencias electrónicas son el método de pago digital más popular (52%), superando a las tarjetas de crédito (40%) y a los pagos móviles (29%). Aunque el uso de efectivo continúa disminuyendo, aún conserva relevancia: el 22% de los encuestados lo utiliza, ligeramente por debajo del uso de tarjetas de crédito (24%). Estos resultados muestran que los hábitos de pago se están desplazando gradualmente hacia soluciones más diversas y digitales.
La seguridad es uno de los factores más influyentes al decidir cómo administrar el dinero y qué herramientas utilizar. Para la mayoría de los mexicanos, la confianza está asociada con métodos tradicionales y familiares. Las tarjetas de débito son consideradas las más seguras (34%), seguidas por las transferencias electrónicas (26%) y las tarjetas de crédito (16%). Incluso el efectivo mantiene un nivel importante de confianza (14%). En cambio, las aplicaciones financieras y los métodos más recientes aún generan escepticismo.
En cuanto a los métodos de autenticación, existe una clara preferencia por las opciones biométricas: casi la mitad de los consumidores (49%) prefiere el reconocimiento de huellas dactilares y un 24% el reconocimiento facial. En contraste, medidas más tradicionales como las contraseñas en dos pasos o los tokens físicos son las menos populares, lo que refleja una tendencia hacia métodos de seguridad simples, pero altamente confiables.
Además, en México la forma en que las personas acceden a los servicios bancarios también está cambiando. Las aplicaciones móviles se han convertido en el canal más utilizado, con un 32% de los encuestados que las prefieren para realizar transacciones y consultas. Aproximadamente uno de cada tres usuarios accede a ellas diariamente, y más de un tercio varias veces por semana, lo que demuestra una fuerte preferencia por la conveniencia y accesibilidad que ofrecen estas herramientas digitales.
No obstante, la adopción no es universal en todos los grupos demográficos. “Los nativos digitales dependen casi exclusivamente de los teléfonos inteligentes y las tabletas, mientras que las personas mayores de 60 años suelen mostrarse más escépticas ante la tecnología móvil y evitan usar apps bancarias por desconfianza”, agrega Baumann. Para 2025, el panorama bancario mexicano no será una batalla entre modelos tradicionales y digitales, sino una transición hacia un ecosistema híbrido y dinámico. Los bancos consolidados están acelerando su transformación digital, mientras que las instituciones exclusivamente digitales amplían sus servicios y fortalecen su presencia regulatoria.
Twitter: @Edgar4712
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