
MARTÍN DE J. TAKAGUI
Desde hace siete años que iniciaron los gobiernos de la autollamada Cuarta Transformación se iniciaron obras monumentales y se trata de las obras insignia del viejo ex presidente Andrés López Obrador, que a los mexicanos nos han costado miles y miles de millones de pesos, pero ninguna de esas, las más costosas de la historia han redituado un centavo de recuperación.
El Tren Maya, el Tren Interoceánico, la Aerolínea Mexicana, el Aeropuerto Felipe Ángeles, la Refinería de Dos Bocas, el Tren de Toluca a Observatorio, por mencionar algunas, pero en ninguno de esos casos se ha comenzado a ver el rendimiento, mucho menos a amortización de sus construcciones, tampoco se han visto beneficios para la sociedad que justifiquen las sumas monumentales de recursos públicos que se han invertido.
Hace siete años, el viejo ex presidente se comprometió a evitar el endeudamiento del país, pues re conoció que se trata de situaciones financieras que comprometen el futuro de los mexicanos y entonces ponía como ejemplo el Fobaproa, que es el fondo de deuda pública que tuvo que contratar el ex presidente Ernesto Zedillo, para el rescate del sistema financiero después de la crisis de 1995.
Pues resulta que el monto del Fobaproa fue de 73 mil 775 millones de pesos, unos 7 mil millones de dólares; sin embargo, hoy después de siete años de transformación, la deuda de México aumentó 10 billones de pesos, que se han gastado, en esas obras, en corrupción, en dádivas y sabrá Dios en qué más, pues no se ven reflejados ni en los bolsillos de los mexicanos ni en los beneficios que debían traer esas obras monumentales.
Se dice que varios millones de mexicanos salieron de la pobreza extrema, que otros tantos ya comen y visten mejor, pero realmente el grueso de la población no ve nada de beneficios en su mesa ni en sus bolsillos, por más que el gobierno regale dinero.
Todo esto tiene que ver con esa Cuarta Transformación, hoy debíamos preguntarnos cómo se ha transformado México y dónde se ve reflejada esa transformación, cuando se han gastado cientos de millones de dólares en una refinería que no ha producido un litro de gasolina, cuando los trenes se descarrilan y no pueden transportar carga, solamente personas que mueren en cada accidente.
Tampoco se puede ver un beneficio cuando la ruta de Mexicana de la Ciudad de México a Acapulco se tuvo que cancelar, porque cada vuelo llevaba dos o tres personas en aviones diseñados para cien personas y lo único que producía eran pérdidas.
La viabilidad financiera y de inversión de las obras insignia de los gobiernos transformadores nunca se analizó, nunca se vio si habría clientes, si los costos de producción o de operación eran viables para obtener un regreso económico; si los trenes eran seguros para viajar por todas esas vías.
En casos como el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas ni siquiera se obtuvieron por la vía legal ni previo al inicio de las obras los estudios de impacto ambiental ni la afectación que habría durante la construcción del Tren Maya a los cenotes ni a los vestigios de la cultura maya que están por toda la Península de Yucatán.
Los mexicanos no merecemos esa clase de obras millonarias, no podemos permitir que se tiren a la basura recursos públicos, como se hizo con la cancelación de lo que iba a ser el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en donde tan solo en el primer año se invirtieron más de 200 mil millones de pesos para pagar a los empresarios que ya trabajaban en la construcción del proyecto.
México requiere de un gobierno serio, respetuoso de los recursos públicos, porque son del pueblo, de ese pueblo al que tanto dicen respetar los de la Cuarta Transformación.
La pregunta es ¿Cuánto debemos cada uno de los mexicanos y cuándo acabaremos de pagar esos caprichos de los presidentes?
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