VIOLETA DEL ANÁHUAC/ ¿PRI, caciquil?

ISABEL ORTEGA MORALES

Chilpancingo Guerrero. La ideología en los partidos políticos está paralizada, ha dado paso al adoctrinamiento, transita por la sumisión y hasta al miedo. Frente a un escenario de riesgo de que la inexistencia de una oposición seria convierta al país en un escenario de riesgo social, de desequilibrios de poderes, los partidos en el país no se han dado cuenta del riesgo que viven también internamente.

En su reciente Asamblea, el PAN, Partido Acción Nacional, primero en ser constituido en un partido para ofertar propuestas ideológicas de servicio, le costó trabajo alcanzar el poder, logró romper el hilo de triunfos del PRI, Partido Revolucionario Institucional, pero dejó de lado su ideología dejando a su base a una deriva de intereses para sobrevivir y de crecer.

El PRD, Partido de la Revolución Democrática, cooptada por los Chuchos, Jesús Ortega y Zambrano, centralizó de tal forma las decisiones que el partido de la izquierda del México contemporáneo está muriendo por inanición.

¿Por qué el PRI no aprendió de estas dos lecciones? Porqué el PRI no recordó a sus ideólogos y perdió, o se decantó, por hacer un club, ¿cuidar intereses personales y dejar de lado a la sociedad?

En 1973 (4 de marzo en Querétaro), en el 44 aniversario de la fundación del PRI, uno de los hombres considerados ideólogos del país, Jesús Reyes Heroles, dio una clave de lo que llevó a mantener la vigencia del Revolucionario Institucional:

“El Partido Nacional Revolucionario nace unificando a los grupos y corrientes de la Revolución Mexicana y agrupando a los partidos políticos regionales y a los grupos revolucionarios municipales- Logra, de esta manera, un equilibrio difícil y delicado entre intereses solo en apariencia antagónicos. Se propone luchar contra la pasividad ciudadana que muchas veces contribuyó al surgimiento de caudillos, y busca en su vida institucional contribuir a que la vida nacional se encarrile, se oriente por la vía institucional.”

Otro ideólogo, este guerrerense, José Francisco Ruíz Massieu, hacia al PRI una alerta “o cambiamos o nos cambian”.

Ambos no solo hilaban palabras en un discurso, ambos estaban sembrando ideología y alertaban entre el surgimiento de caudillos y el cambio de partido que dejaría al PRI, como sucedió, quedar fuera de la alternativa ciudadana.

Reyes Heroles pedía adaptarse a las nuevas realidades, pero mantener la ruta de la paz social y de alguna manera la estabilidad política.

¿Será que esto último es lo que interpretó esta nueva Asamblea del PRI que decidió otorgar a su dirigente el voto de respaldo para mantenerse en la dirigencia a pesar de todo lo que evidentemente perdió en este proceso electoral? Adecuarse a las nuevas circunstancias políticas pero solo de la dirigencia?

Sin diagnóstico, se ha privilegiado el cuidado de los grupos, tal vez también de quienes tienen las llaves de las dirigencias estatales, pero algo hay cierto, en la ratificación indefinida de Alejandro Moreno, sino se sabe hacia donde se va, cualquier camino es bueno.

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