Salvemos a Chilpancingo

Existen personas que hacen determinadas cosas mejor que las demás. Robert Greene.

FLORENCIO SALAZAR ADAME

SemMéxico, Chilpancingo, Guerrero. Chilpancingo está asentado en un pequeño valle de basamento calizo, marcado por la cicatriz de lo que fue el rio Huacapa. Hacia el oriente y poniente inician las elevaciones de la Sierra Madre del Sur, antiguos bosques hoy poblados por innumerables viviendas que carecen de servicios y sobre las que cae polvo de detritus. Siempre he pensado en Chilpancingo emocionalmente.

José Francisco Ruiz Massieu (1986-92), me propuso tres cargos para acompañarlo en su gobierno: Secretario General de Gobierno, Presidente del PRI o alcalde de la capital. No dudé en inclinarme por la alcaldía (1986-89). Para ser alcalde se requiere ser, además de ser político profesional, administrador, gestor, legislador y líder social. Apliqué en esa tarea lo que sabía, pegunté sobre lo que no sabía y aprendí más.

Concluí el periodo, pero me quedó el síndrome del cargo. No obstante, de los 35 años transcurridos desde entonces, todavía me molesta, y hasta me irrita, ver cómo hay quienes lavan banquetas con la escasísima agua y como la ciudad se ha ido convirtiendo en un gran y nauseabundo tianguis.

Israel Nogueda Otero, Rubén Figueroa Figueroa y Alejandro Cervantes dotaron a la capital de equipamiento urbano y servicios suficientes para tener una imagen resplandeciente de la capital guerrerense. Dejamos de ser la peor capital de la República. La activa vida cultural de entonces, principalmente promovida por el rectorado de la UAG de Ramiro González Casales, nos hacia ver la digna recuperación de la sede del Primer Congreso de Anáhuac.

Pero el gozo se fue al pozo. A pesar del incremento presupuestal del ayuntamiento, el deterioro urbano, como una gangrena, fue provocando el abandono de la responsable participación de los barrios; en los cerros se permitió el asentamiento de colonias irregulares; y se multiplicó la población con el asentamiento de nuevos pobladores, principalmente provenientes de La Montaña y Costa Chica. La ciudad es un caos por el evidente hacinamiento urbano, en el que no hay oportunidad para el empleo.

Chilpancingo tiene graves problemas de urgente atención: suministro de agua, recolección y tratamiento de la basura, limpieza de sus calles y avenidas, tráfico y estacionamientos en la vía pública, ordenamiento urbano, oferta suficiente de salud pública con medicamentos, recuperación de las auténticas tradiciones folklóricas, garantía de la seguridad pública y saneamientos de las finanzas públicas. Todo lo anterior, sin contar las necesidades de comunidades y rancherías.

Estoy convencido de que hoy se debe querer mucho a Chilpancingo para pretender ser alcalde, con carácter y mano negociadora. Desde luego, ser un probado político profesional, que pueda afrontar los muchos desafíos que presenta la administración municipal sin caer en la tentación del atole con el dedo, que el populismo disfraza de programas sociales.

Desde hace una década no milito en partido político alguno. Una vez concluido el periodo del gobierno anterior en la que fui Secretario General de Gobierno-, decidí apartarme de toda actividad política. A pesar de ello, en las últimas fechas, he opinado en algunos medios sobre lo que significan las próximas elecciones federales y locales. Hablo de ese minuto en el que el ciudadano está ante las boletas: decidirá seis años más de pobreza y estrechamiento de libertades con el régimen de Morena o la recuperación de la República y la democracia con la alianza PRI, PRD, PAN.

En esta cadena electoral está incluido Chilpancingo. Voy a votar por los cinco candidatos de la Alianza. Especialmente, pongo énfasis en Alejandro Arcos Catalán para alcalde. He conversado con él un par de veces y otras tantas he oído sus intervenciones de candidato. Me ha convencido. Conoce los problemas del municipio, propone soluciones viables y se comporta como el ciudadano honorable que es.

Es de Alejandro Arcos Catalán el afortunado eslogan de campaña «Salvemos a Chilpancingo». Nacido en la capital hace 46 años, es licenciado en Ciencias Políticas. Ha sido diputado local y posee una amplia experiencia en la administración del ayuntamiento, en la responsabilidad de programas de adultos mayores y de jóvenes, así como en el ordenamiento territorial del municipio. Se advierte en él una sólida preparación y a una persona que no se ha perdido en una conducta prepotente y frívola.

Hay que salvar a Chilpancingo. Sacarlo de la podredumbre material y moral en que se encuentra. Es nuestra ciudad, la de nuestros ancestros, la de nuestra infancia, la de nuestros primeros amores. Tenemos una sola alternativa para ser dignos hijos de la ciudad: llevar a Alejandro Arcos Catalán a la presidencia municipal. Basta de indolencia. En la basura nunca se ha multiplicado ni ha crecido la esperanza.

Es ahora porque después será ser muy tarde.

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