PULSO/ Viviendas cutre

EDUARDO MERAZ

El agrónomo incapaz de rescatar Petróleos Mexicanos, pero de permitir el huachicol -de piquete y fiscal-, hoy se ha convertido en constructor de vivienda y, al parecer cumplirá un papel similar al de Pemex: destruir lo poco bueno existente en el Infonavit, a cambio de beneficiar y beneficiarse con contratistas a modo.

En el teatro político mexicano, los personajes suelen cambiar de escenario, pero rara vez de guion. Octavio Romero Oropeza, que alguna vez prometió rescatar a Petróleos Mexicanos, hoy se presenta con nuevos ropajes: constructor de viviendas.

La trama parece repetirse, como si el telón levantado en Pemex se hubiera trasladado intacto al Infonavit. El resultado, hasta ahora, es un eco de lo mismo: promesas grandilocuentes, realidades endebles y un costo recayendo sobre los hombros de los mexicanos.

Esto es por obra y gracia de su protector, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, el cual le vio cualidades multifacéticas, pero cutre, a Romero Oropeza: capacidades técnicas y de gestión inigualables y nunca vistas.

En Pemex, nunca logró la meta de producir 2.4 millones de barriles diarios; cuando mucho alcanzó dos terceras partes de esa meta; la refinación de crudo cada día es más cara; el huachicol en sus distintas modalidades representó pérdidas cercanas al billón de pesos, y una cantidad similar adicional se le inyectó a la empresa para mantenerla a flote.

Pero con tal de quedar bien, con el ex presidente, se vanaglorió al final del sexenio anterior de haber logrado el rescate, aun cuando la petrolera mexicana sigue siendo la más endeudada a nivel mundial.

De acuerdo con los planes originales, Pemex debería aportar a sus dueños, todos los mexicanos, recursos millonarios; sin embargo, cada día nos costaba más y más. Esa promesa, ahora se reitera, para ampliar el plazo de que el cuerno de la abundancia, salido del petróleo, será a partir de 2027.

Con esas cartas de presentación, el segundo piso de la transformación le dio una nueva oportunidad de acrecentar esos logros y se le nombró director general del Fondo de Vivienda para los Trabajadores, el Infonavit, comprometiéndose a construir 1.8 millones de viviendas nuevas en el actual sexenio.

La cifra, como siempre, suena monumental, casi épica, pero la realidad, como suele ocurrir, se revela en los detalles: banquetas cuarteadas, filtraciones, socavones abriéndose como heridas en la tierra

Sin embargo, esta semana, en el desarrollo Bosques de Río Medio, en Veracruz, un socavón de 50 metros se tragó calles y registros de agua; Los departamentos afectados estaban deshabitados, por fortuna, pero el símbolo es devastador: la tierra misma se hunde bajo el peso de las promesas incumplidas.

El episodio resulta aún más irónico si recordamos: apenas en enero de 2026 la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró ese mismo conjunto, entregando 200 viviendas bajo el programa “Vivienda para el Bienestar”.

Los vecinos ya habían advertido sobre cuarteaduras y filtraciones, nadie escuchó. El acto protocolario, con sus discursos y fotografías, pesó más que la voz de quienes habitarían esas casas.

La palabra “cutre” se repite como un estribillo. Viviendas cutre, gestión cutre, resultados cutre; no es un insulto gratuito, sino la descripción de una forma de gobernar que privilegia la apariencia sobre la sustancia.

Se entregan contratos directos a constructoras amigas, sin licitación, sin competencia, sin garantía de calidad, al fin y al cabo -se piensa- son viviendas para trabajadores, no para los grandes señores de la política.

El agrónomo convertido en gestor de petróleo y ahora en constructor de casas parece encarnar la multifacética improvisación característica de no pocos funcionarios cuatroteístas

No importa la falta de experiencia, ni los resultados previos; lo importante es la lealtad, la cercanía con el poder, la capacidad de repetir el discurso oficial. Así, la historia se repite: primero Pemex, ahora Infonavit. Primero el petróleo que nunca fluyó como se prometió, ahora las viviendas que se hunden antes de ser habitadas.

La tragedia es doble. Por un lado, el costo económico: miles de millones de pesos que se destinan a proyectos fallidos, a obras desmoronándose, a empresas que se benefician sin rendir cuentas.

Por otro, el costo humano: familias que esperan una casa digna y reciben paredes agrietadas, techos que filtran agua, banquetas que se hunden; así, la promesa de bienestar se convierte en pesadilla.

El socavón de Veracruz no es solo un accidente geológico, es la representación física de un modelo de gestión que cava huecos en la confianza ciudadana.

Romero Oropeza, con sus antecedentes en Pemex, no llega al Infonavit como un constructor experimentado, sino como un funcionario cutre, que ya demostró su incapacidad para cumplir metas.

He dicho.

 

EFECTO DOMINÓ

Aun cuando no vivió en quinto patio, pero si en vecindad, la ministra Lenia Batres se encuentra resentida y por eso quiere aplicar impuestos a herencias y ahorros para el retiro, pero los que mandan, ya le dijeron que no.

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