POR LA CUARTA/ De punta en blanco

MARÍA ENRIQUETA BURELO MELGAR (SemMéxico, Chiapas). Si algo disfruto enormemente es un fin de semana en casa, donde sostengo tórridos romances con Paco Ignacio Taibo, solo porque me gusta mucho como escribe y su personaje el detective, Héctor Belascoáran Shayne, le he perdonado aquella vulgar frase de las dobladas y no precisamente de queso, también, coqueteo con Tom Cruise, que me fascinó en aquel su primer éxito El Color del Dinero, junto a otro guapísimo Paul Newman, hasta estuve tentada a aprender a jugar billar, un día entré en Tuxtla a un billar de quinta, con un galán no tan de quinta y mi imaginación voló y me sentí Mary Elizabeth Mastrantonio. Pero ese no es el tema, el tema es que mientras repaso Días de Combate, uso una cómoda bata ya agujereada y unos chones que vivieron mejores épocas, y estoy esperando el baño sabatino como a las 5 de la tarde, para cambiarme el outfit por otro igual de cómodo.

En estos días de quedarme en casa, acompañé a mi hermana al banco, y mientras ella estacionaba el carro, yo baje no solo al cajero , lo de menos , tuve que hacer cola, y no me había dado cuenta que llevaba mis sandalias color rosa de Kitty, de esas que regalan en las piñatas, y sin poder hacerlas invisibles, y también, el otro día llevo unas sandalias bien cómodas de las que sacan en Vogue y Glamour, de esas que se pone Martha Ortega, la dueña de Zara, hasta ahí estaba bien, pero mis uñitas competían con las garras del águila arpía.

Tengo una amiga de años, a la que siempre he envidiado, de esa envidia de la buena, porque si te la encuentras en el super, ella va impecable, de punta en blanco como decían las abuelitas, aunque esta frase tiene una connotación bélica, proviene de la edad media, cuando los caballeros llevaban sus mejores armas, conocidas como “armas de punta en blanco” porque estaban bien afiladas, eran cortantes y puntiagudas y estaban realizadas de acero pulido (o bruñido), de tal modo que brillaban al sol con destellos blancos.

Y aunque nos salga lo feminista y la libertad de ir vestida como se nos pegue la gana, ya que por lo pronto ni Celia Amorós, ni la tía Marcela Lagarde, o doña Martita Figueroa, han creado un manual de cómo nos vestimos las feministas, tener unos chones limpios, es la ostia, como dicen las españolas, hagan la prueba un día, sobre todo esos días en que estamos a 40 grados y cambien de calzón, uno modesto, blanco, de algodón y notaran la diferencia.

Si están a favor de productos de la naturaleza, pues usen desodorantes de aceite de musgo irlandés, como les quedó el ojo, rosas, hamamelis, y aprovecho el comercial, BLEN, una compañía mexicana de productos herbolarios de la cual soy promotora, tiene uno de salvia, o si solo tienes un bote de leche de magnesia, pues también, tiene cualidades desodorantes.

Regresando a nuestro “Hogar, dulce, Hogar”, elegimos un outfit cómodo para estar en casa y se suele prestar menos atención a nuestra apariencia. Esto se debe a que no estamos tan expuestos al juicio social, «Arreglarse de una determinada forma con la ropa, el maquillaje y el pelo ayuda a marcar qué actividad vamos a realizar y en qué momento del día nos encontramos», y aunque nos quedemos en casa, hay batas muy lindas y cómodas, con las que podemos salir hacer un mandadito si la situación lo requiere. Una buena colonia, te levanta el ánimo, a mí me encantan las cítricas, me dio coraje que Ives Rocher descontinuara una colonia y crema de naranja que tenía esa propiedad de llenarte de energía.

Por otra parte, el lápiz labial, en especial el tono rojo, fue considerado artículo de primera necesidad durante la segunda guerra mundial, y recuerdo a la mamá de unas amigas y ellas han seguido la tradición, desde que se levantan se pintan los labios, y es un toque mágico, para mí lo es el rímel y la rayita negra, que levanta la mirada.

“Winston Churchill entendió que llevar pintalabios rojo hacía a las mujeres sentirse fuertes, seguras y atractivas, unos sentimientos especialmente preciados en tiempos de crisis”, explica a S Moda Rachel Felder, periodista en revistas como The Cut o The New Yorker y autora del libro Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon. El Ministerio de Abastecimiento publicó un memorando que aseguraba que el maquillaje para ellas era tan importante durante la guerra como el tabaco para los hombres, evidenciando por otra parte el sexismo de la época. “El acto de pintarse los labios emana un mensaje de autoridad y convicción. Para las mujeres que lo llevan es tanto una espada como un escudo, escondiendo cualquier inseguridad y demostrando fuerza asertiva”.

Hoy puedes usar también de BLEN, el labial líquido, efecto mate Wonder Day o Confidence, ambos elaborados en base a aceite de argán con un efecto bio-emocional, o también Red Amore de Mary Kay, y lista para leer Las Filosofas de la Antigüedad, de seguro que Aspasia, usaba algún truco, como pellizcarse las mejillas o algún polvo metálico para lucir en toda su sapiencia.

Pero lo más importante, lucir pulcras, limpias, con tus modestas sandalias de pie de gallo, si el bolsillo no está para comprarte unas Birkenstock , calzones limpios de algodón, mejor, para evitar de paso honguitos e infecciones, bañarse a buena hora, embadurnarse el cuerpo y la cara con una rica crema humectante, un día me hice un tratamiento de colágeno casero en base a los pellejitos internos de los cascarones de huevo, los secas, los mueles y los remojas en vodka o Bacardí, según lo que tengas a la mano, te lo untas en la cara y te tomas un desarmador, mientras maratoneas Intimidad, Borgen o la Madre Perfecta, o tal vez te interesen otros temas como Educación Sexual o Las Sombras más Oscuras o La Señorita J.

Pa’ finalizar una caminada en nuestra colonia o un parque cercano, no está de más, la luz solar nos activa la producción de serotonina, hormona que aumenta las sensaciones de bienestar. Y si quieres ir más allá, incorpora rituales relajantes en tu rutina: el mindfulness, escribir, hacer yoga o concentrarse en llevar la respiración, son estrategias de regulación emocional. Dedicar tiempo y espacio para conectar con las emociones y ayudar a que se calmen es el mejor antídoto para sentirnos bien.

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