LIBROS DE AYER Y HOY/ Poetas sureños. En la debacle, busquemos la poesía

TERESA GIL

Mientras trata de instalarse una dictadura partidista que parece cosa de broma, nos vamos a lo que debería de ser una dictadura, la de la poesía. Fechas que los acercan, envuelven a dos poetas sureños, uno de aquí, de Guerrero José Agustín Ramírez Altamirano y otro del cono sur de enfrente, Pablo Neruda el chileno. Ambos se identifican por el once y el doce de julio, días en el que nacieron con un año y un día de diferencia, El profesor guerrerense que le cantó a la madre, a los Niños Héroes, a la milpa  al arroyito, a los caminos del sur, llegó a componer alrededor de 80 canciones, nació un año antes que el gran  premio Nobel, en 1903.  Viene a cuento cuando su tierra natal, Guerrero, es uno de los estados sumergido en algunas zonas, en esa catástrofe que es la criminalidad, el eco de circunstancias terribles que lógicamente alguien impulsó. En la asamblea priísta del día siete de julio, donde se exaltó a los presuntos aportes de ese partido, se eludió hablar de ese mal que se extiende por algunos estados y que desde luego tiene origen en la pobreza que impulsó el partido que fue exaltado.

 

Por los caminos del sur,

vámonos para Guerrero,

porque le falta un lucero

y ese lucero eres tú.

 

Con el mismo apellido final, el gran Ignacio Manuel Altamirano, el político, poeta y escritor también guerrense autor de Navidad en las montañas, nació 79 años antes que  el profesor. Este se dio vuelo en hacer canciones en la década de los 30 y 40, en algunos de cuyos gobiernos, como el de  Portes Gil, llegó a dirigir la cuestión cultural. Vale recordar a estos personajes cuyos nombres  a  veces se ignoran, aunque sus canciones los recuerden.

 

Por los caminos del sur,

hay voces rosas y estrellas.

Son canciones y doncellas,

bajo el alto cielo azul.

 

Y EN OTRO SUR, EN UN CONO, NACÍA EN 1904 EL GRAN PABLO NERUDA

Nefatlí era su nombre original pero él pasó por el mundo, como poeta, político, hombre de izquierda y premio Nobel llamado Pablo Neruda, hasta su muerte en 1973 bajo la sospecha pinochetista. Hacemos una relación entre ambos poetas, porque en tanto el primero transita por una poesía que en ciertas épocas tuvo mucho de escolar, esa creación que se escuchaba en las canciones de los recreos escolares o los niños pasaban  al frente a recitar en un día señalado, el otro dejó una poesía social, en  un alto grado política.  Pero los dos tipos de poesía embonan en el entorno en que el poeta se mueve. Por eso el propio Neruda les decía a los que escriben poesía en uno de los capítulos de su autobiografía, Confieso que he vivido (Planeta 1984):

“La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector…tiene que recobrarlo… tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con  los desconocidos en las calles, de los que a cierta hora, crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea, no más que solo un verso”

Y llama a acudir a los poetas “hay que perderse entre los que no conocemos, para que de pronto recojan lo nuestro en la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque…y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros…Solo entonces seremos verdaderamente poetas …En ese objeto vivirá la poesía”.

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