
TERESA GIL
En medio de la alharaca guerrerista mundial, las voces de algunos de sus instigadores nos recuerdan los sonidos producidos por los insectos que vuelan en torno nuestro con su insistencia permanente, y la atrofia auditiva que quisiéramos tener ¿Cuántas veces habrá repetido Donald Trump sus odios contra Irán, sus desacuerdos con Irán, sus amenazas a Irán, como un insistente mosquito que vuela sobre el mundo insistiendo en lo mismo? La metáfora sería de risa si en la realidad no se dieran hechos insistentes que llegan a situaciones terribles en algunos lugares del mundo. Quizá no serán mosquitos, pero los virus del ébola se vuelven a repetir en zonas que ya estuvo sobre todo en Africa y Sudán en aquel 1976. Y ahora se presenta como un virus peligroso para el que no hay vacuna, en vías de peligro que puede causar otra gran matanza viral como la humanidad ha sufrido muchas veces, y la padecimos hace poco con el Covid 19.
DIFÍCIL CONTROLAR, SEGÚN LA OMS. ADVERTENCIAS DE CUIDADO EN MÉXICO
Loa últimos resultados sobre el control del llamado Ébola Bundibugyo se dan en la República del Congo a donde se están poniendo las principales atenciones desde la Organización Mundial de la Salud (OMS). Conflictos guerreristas dificultan la atención. Lo que más complica el problema en los países que padecen ese virus, es la deficiencia en la higiene, carencias fundamentales de agua y jabón y ningún medicamento que puede aplicarse. La OMS está lanzando hasta allá su apoyo. En México se ha negado la posibilidad de un contagio, pero se están tomando precauciones sobre todo de control a personas que pretendan entrar en arribo de los países infectados. Y se dan advertencias sobre salud, higiene e informes ante cualquier sospecha, aunque se ha repetido que las perspectivas se ven lejanas.
Ya en su momento dimos la batalla contra el virus del chinkungunya que venía de África.
FAULKNER. LOS ESCRITORES TOMAN EL EJEMPLO DE LA REALIDAD
Relacioné el caso actual, con lo que hizo el famoso escritor gringo. Al parecer no era tan grave la situación cuando William Faulkner escribió Mosquitos en 1927 (Mosquitoes Alfabia Barcelona 2009) y digo eso porque él hace un símil de los mosquitos con los seres humamos que puede resultar a la postre más peligroso, ya que la estulticia puede ser peor que un virus mortal. El escritor estadounidense relaciona la banalidad, lo vacuo, lo supérfluo con el sonido intermitente de los pequeños insectos que a veces giran a nuestro alrededor. En un viaje con distintos personajes de la farándula, de la llamada intelectualidad de las clases altas de su país, exhibe lo intrascendente de los personajes reunidos y su obsesión por el sexo, la decadencia y la vejez. Algunos críticos relacionan partes de esta segunda novela de Faulkner, con la primera de las tres partes de El ruido y la furia -título tomado de una obra de Shakespeare-, relatada por el minusválido Benjy en torno a una familia poderosa, en plena decadencia. Comparar la charla obtusa de los asistentes del viaje, con el vuelo de un insecto en Mosquitos, redondeó una sátira que empezó a catapultar a Faulkner al Premio Nobel y más tarde al Pulitzer. Y conste que nadie conocía la Chinkungunya.
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