LIBROS DE AYER Y HOY/ Agresión antimigrante y Matar un Ruiseñor

TERESA GIL                                     

Ya nomás eso nos faltaba, que los ultraderechistas españoles vengan a  México a hacer su recreación  de la conquista a través  del Paseo del Pendón al Zócalo, el próximo 15 de agosto.  Menos mal que lo cancelaron en último momento. Ya veremos cuantos decadentes se quedaron en el anhelo de siglos atrás y sueñan un mundo que no conocieron, pero que en sus imágenes se imagina maravilloso. Quizá lo pudo haber sido para los que invadieron estas tierras, pero no para los que vivían  aquí y habían creado una cultura singular que ahora asombra al mundo. Tipos todos ellos, los que pensaban  expresarse en esa manifestación, que exhibían no solo las ansias del  invasor, sino un desalojo de los demás, una actitud racista ante el verdadero ente de estas tierras y una discriminación que en mucho se expresa en otras formas y expresiones ya conocidas, no solo desde  España sino en nuestro vecino el país del norte. Mejor nos iremos de mueva cuenta sobre esa discriminación cercana tan llena de agravantes y para volver como los españoles a su  Pendón,  recordaremos aquel libro Matar un ruiseñor, que tanto expone en sus páginas.

MATAR UN RUISEÑOR LE SIRVIÓ A LAS CLASES CONSERVADORAS, COMO  CONSUELO Aquel libro famoso de Harper Lee, Matar un ruiseñor, sensibilizó a una clase media conservadora en el Estados Unidos de 1960, pero pese a su liderazgo libresco que se reflejó en  un filme,  no profundizó en  las raíces del racismo. Las leyes que erradican la discriminación y protegen  los derechos civiles  si bien han  servido para sancionar, no han  roto la supraestructura de la llamada superioridad blanca que periódicamente exacerba, mata y  trata de destruir los valores afro e indígenas. Y ahora contra los migrantes.  La agresión se extiende a estos grupos, ahora encarcelados  y atacados a balazos.  Este tipo de agresión es permanente con  resonancia en el mundo. La población está alerta ante los desmanes del ICE, cuando el brote en este momento parece imparable.

AGREDIR DESDE ARRIBA Y SOMETER AL DIFERENTE,  POR SU PIEL Y MODO DE PENSAR

La concepción  de democracia que ha presumido el país del norte, no solo se ha ensañado en sectores de ese país por el color de su piel. La persecución  se vuelca en la forma de pensar  y ver la realidad, de otros sectores como la izquierda comunista y se extiende hacia países que no piensan como Estados Unidos, como Cuba. Donald Trump arremete contra todo lo que ve diferente en la piel, y en  las concepciones, por eso es difícil erradicar el racismo y la discriminación en Estados Unidos, hoy en día. Tendrá que ser la ciudadanía la que lo haga. Lo mismo se da en países que han  recibido la transculturación del norte  y lo vivimos  por años en  México  en algunos sectores en torno a  los indígenas,  avasallados, relegados y menospreciados por su color. Apenas en los últimos tiempos  han sido tomados en cuenta en la legislación.  No digamos los que piensan diferente en  sus preferencias o en su ideología y ahí está la historia y el recuerdo  del Partido Comunista Mexicano, con perseguidos y asesinados muchos de sus líderes, por décadas.

MATAR UN RUISEÑOR SOLO TOCÓ EL RACISMO POR ENCIMA. NO PROFUNDIZÓ

La obra Matar un  ruiseñor (1960), fue un fenómeno de librería y como suele ocurrir, se le equipara en ventas con  la Biblia. Se trata de un  largo e interesante relato al parecer autobiográfico de Harper Lee, que solo escribió ese libro, al que se considera de género gótico. Ella misma admiraba a Jane Austen por ese género, pero la inglesa no era una escritora gótica, por el contrario fue crítica de ese género y  sus posturas fueron abiertas y adelantadas para la época.  En su libro La abadía de Northanger, critica, como lo hizo Cervantes con  las novelas de caballería, las novelas góticas precisamente. El libro de Lee  que inspiró el filme del mismo nombre Matar un ruiseñor ( Robert Mulligan 1962 con  Gregory Peck, que ganó tres óscares), aborda varios problemas que enfrentaba entonces -y ahora también-, la sociedad estadounidense, principalmente en  Alabama donde nació la autora,  como la secregación  racial a partir del racismo y la discriminación. Aún se le considera un  arquetipo en el país del norte, si bien  no deja satisfecha a la población negra. Fue un libro que avasalló librerías, y se vendió como pan caliente en todo el mundo. El resultado fue la toma de conciencia de una sociedad que presumía de haber ganado la Segunda Guerra Mundial, hecho no verdadero.

SE PIDIÓ EL RETIRE DE ESE LIBRO, PORQUE EN REALIDAD AVALABA EL RACISMO

Matar a un ruiseñor, llegó  a  convertirse en texto  escolar, pero con el tiempo y los análisis de conocedores, se pidió el retire de la obra por considerar que aunque tocaba el racismo, lo exponía como un  hecho de concesión  humanitaria, que abordaba la situación  de la población afroestadounidense desde una perspectiva de inferioridad, de seres a los que había que tratar bien, respetarlos y ayudarlos, pero no incorporarlos como iguales. En el libro, sostienen  esos analistas, se menciona 48 veces la palabra negro. La escritora era una persona de clase media cuyo padre, un abogado, parece la representación de Atticus Finch el  abogado del filme que defiende  a un afroamericano Tom Robinson, que al ser declarado inocente de una falsa acusación es asesinado de un tiro, presuntamente por querer huir.  O sea, se plantea en  el fondo de esa muerte, el saneamiento y desquite necesarios de una sociedad al librarse de un hombre al que no había  podido culpar. Se mezcla el largo relato con un  ser misterioso  en torno al que gira la concepción  gótica del género. Es el que defiende a los niños del relato y mata en la reyerta al agresor de aquellos. Como tendría que ser sometido a juicio, es a él, al que se refiere la narradora y no a Robinson,  cuando  le pide a su padre no exponerlo porque sería, “matar un ruiseñor”.  Es una de esas largas novelas sureñas que tanto han gustado a los estadounidenses, sin  que por ello alcancen el cenit de considerar a sus congéneres de otro color, ciudadanos comunes como ellos y con todos los derechos por respetar.

[email protected]

www.entresemana.mx