LIBROS DE AYER Y HOY

84 años petroleros. El gran don Lázaro y aquella anécdota

A más de ocho décadas de la Expropiación Petrolera, aún es tiempo de aplicar el recurso al verdadero desarrollo del país                  

TERESA GIL. El petróleo y el libro tienen en común la amenaza de su sustitución. Y ambos se aferran a una existencia que impone cosas nuevas, otras energías y la lectura digital. Pero como a los grandes amores, siempre duele dejarlos. Muchos son los libros que se escribieron después de aquella Expropiación Petrolera que cimbró al país, pero que pese a las alharacas de las compañías petroleras extranjeras, no distrajo al viejo mundo de sus preparativos de guerra. La mala suerte de  dos gobiernos progresistas del siglo pasado y éste, es que una eventualidad  distrajo lo que pudo ser de mayor profundidad: Lázaro Cárdenas con la guerra mundial encima y AMLO, con la pandemia. Pese a ello, los grandes aportes del general michoacano en lo que fue la nacionalización del petróleo y de los ferrocarriles, la educación con enfoque diverso al convencional, su estímulo al ejido y a la propiedad comunal y su apoyo al sindicalismo comprometido desligado del blanquismo, dejaron, con otros aportes, una línea histórica bastante elevada. Hay que agregar la enorme muestra de solidaridad con la república española y el asilo que dio a más de 40 mil expulsados por el franquismo. Respecto a AMLO, todavía hay tiempo y por lo pronto ahí va. Aunque diferentes en algunas posturas, ambos coinciden en el apoyo popular y en las agresiones que en determinados momentos se ensañaron y ensañan con sus gobiernos. El de Joe Biden en el caso actual, merodea en torno al gobierno mexicano, pero lo que sea de cada quien, el presidente Franklin D. Rooselvet se negó a  darle apoyo a las petroleras y aplicó la ya histórica doctrina Estrada (Genaro Estrada Félix 1930) de no injerencia en otros países.

LIBROS QUE RESALTAN LA GRAN HAZAÑA  PETROLERA DE MÉXICO Y A SU ADALID

Durante 84 años, la Expropiación  Petrolera se ha mencionado en México como uno de los grandes acontecimientos nacionales, hecho que derivó en varias formas de impactar al país.  Muchos gobernantes lo utilizaron para provecho propio y esa gran riqueza no impidió que alrededor de 70 millones de mexicanos vivan en pobreza y algunos en pobreza extrema, mientras los administradores del petróleo se hicieron ricos, viven como reyes en otros países, sus hijos se educaron en los mejores colegios y el oro negro exhibió su descontento  de vez en  cuando, en las negruras de algún agua contaminada. De los muchos libros que se han escrito en torno a este acontecimiento, resalto tres, que sería importante redescubrir, no solo por lo que significó aquel hecho, sino porque dejan en nuestras mentes que las grandes cosas que se realizan deben tener un fin social que en este caso todavía se puede aplicar.  Aún hay petróleo. La biografía de Lázaro Cárdenas fue escrita por el que fue su secretario de educación Jesús Romero Flores (edición del IPN, Costa Amic 1972). Su hijo Cuauhtémoc hizo un homenaje un tanto tardío a su padre, en 2016 (Cárdenas por Cárdenas, Debate Editorial) y el general, aparte de sus epistolarios, fue autor de memorias publicadas pero cuyos originales al parecer tiene en sus archivos el Instituto Nacional de Antropología e Historia. El diario Unomásuno hizo un suplemento especial en 1980, en el que se publicaron cinco entrevistas que yo les hice a personajes que vivieron de cerca ese acontecimiento, uno de ellos como protagonista Jesús Silva Herzog, asesor de Cárdenas. Los otros son los escritores Juan de la Cabada y Renato Leduc, el líder comunista Valentín Campa y el economista Ricardo Torres Gaytán.

LA GRANDEZA EN UNA ANÉCDOTA. CÁRDENAS EN EL VALLE DEL YAQUI

Al frente de la Comisión del Rio Balsas, el general Lázaro Cárdenas solía ir seguido a los valles del Yaqui y Mayo en Sonora. En uno de los viajes de AMLO a esa zona, invitó a Cuauhtémoc Cárdenas a acompañarlo en su recorrido, quizá para llevarlo al recuerdo de aquel Cárdenas que transitó tantas veces por esas tierras fértiles. Cerca de los años sesenta, como adolescente de secundaria, asistí a un mitin acompañada de otra niña con el fin de vender votos para un reinado. Miembros de las etnias y políticos acelerados por la presencia de un personaje, llenaban  un enorme galerón a la hora de la comida y otros permanecían afuera esperando las palabras de Cárdenas. La otra niña y yo subimos a un  tapanco donde comían aislados el general y el entonces gobernador de Sonora Álvaro Obregón hijo. El general al ver a aquellas niñas preguntó si ya habíamos comido y pidió que nos sentáramos. A continuación llamó a uno de los funcionarios que estaban cerca al pendiente, y le dijo que buscara a los familiares de aquellas niñas. Mientras comíamos, el ex  presidente preguntaba si estábamos bien servidas y seguía platicando con Obregón. El funcionario regresó diciendo que había encontrado a la madre de una de las niñas (mi amiga) y entonces Cárdenas le ordenó en tono tajante que nos hiciera  entrega formal a la madre y que cuidaran de que  no estuviéramos solas ni un momento “en medio de aquel hombrerío”. A lo largo de los años no pude dejar de pensar en aquella actitud, cuidadosa y vigilante de un hombre que había tenido los destinos de la patria y circulaba por el país tratando de equilibrar los recursos en manos de campesinos e indígenas, para cuidar a dos niñas ingenuas que ignoraban a lo que se exponían.

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