LA COSTUMBRE DEL PODER/ ¿Soberanía alimentaria para millones de mexicanos hambrientos?

GREGORIO ORTEGA MOLINA

*Además, están las exigencias económicas de Pemex y sus Dos Bocas, de la CFE y la muy honrada administración de Manuel Bartlett, de la necesidad de que el Tren Maya no se convierta en el fracaso anunciado; para gobernar después del desastre, y hacerlo bien, es necesario limitarse a lo que se puede, y no empeñarse en lo que se desea

Para Mónica, ella sabe

Lo que más se comercia y trafica en el mundo son los alimentos. Los gobernantes de todas latitudes saben que el hambre, la insatisfacción constante por no comer lo que se desea o lo que por salud se necesita, conduce a comportamientos erráticos. ¿En qué medida la migración actual se mueve más por la urgencia de alimentarse que por huir de la violencia? No lo han determinado.

Todos sabemos que el desengaño en las relaciones entre gobierno y gobernados conduce a catástrofes, abre desafíos para quienes desean conservar el poder. Esta breve observación, viene a cuento porque circula ya el documento República rural justa y soberana, en el que la presidenta Sheinbaum Pardo plantea los requerimientos para alcanzar la autosuficiencia alimentaria, lo que no ocurrirá.

Durante el sexenio 1964-1970, cuando en esta nación compartían su futuro 35 millones de mexicanos, casi se logra esa meta; hoy, con 120 millones confrontados por las necesidades elementales de seguridad y justicia, no han tenido la atingencia de evaluar cómo incide la falta de alimento en el comportamiento entre conciudadanos. ¿Cuántos paisanos son sostén de sus familias desde sus áreas de residencia en Estados Unidos? No son miles ni cientos de miles, suman millones. De ese tamaño son nuestras necesidades.

El documento de la República rural justa y soberana consta de 15 páginas, bien presentadas y con propuestas claras, pero con una grave omisión, porque no indica de dónde procederán los recursos económicos para producir los alimentos, ya sea naturales o procesados. Todos estamos enterados del déficit presupuestal, de las exigencias fiscales para sostener la promesa de los programas sociales, y de lo que se necesita para restablecer lo que durante cinco años se empeñaron en destruir: salud, educación, seguridad pública, organismo autónomos, por mencionar algunos.

Además, están las exigencias económicas de Pemex y sus Dos Bocas, de la CFE y la muy honrada administración de Manuel Bartlett, de la necesidad de que el Tren Maya no se convierta en el fracaso anunciado.

¿De dónde, entonces, obtener los recursos para que el proyecto no quede en utopía? Leo, en Internet: “Los activos financieros más operados en la Bolsa de Chicago son las materias primas (llamadas commodities en inglés). Originalmente, el CBOT comerciaba solo con productos agrícolas como el maíz, el trigo y la soja. Pero hoy, casi 200 años después, el mercado de futuros de esas tres materias sigue siendo fundamental. Por eso estos días, desde Ucrania, miramos tanto a la capital del Estado de Illinois”.

Para gobernar después del desastre, y hacerlo bien, es necesario limitarse a lo que se puede, y no empeñarse en lo que se desea.

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