LA COSTUMBRE DEL PODER/ Autocracia rusa sobre Ucrania

GREGORIO ORTEGA MOLINA 

*Si en las universidades europeas y en las de Estados Unidos se hubiese defendido a Ucrania como hoy dan la cara por el yihadismo islámico, quizá Vladimir Putin ya estaría oculto en su madriguera, pero así es el mundo, como lo constataremos este domingo, después de la tocada de Los Ángeles Azules

La empatía de los humanos se torció por el momento que vivimos, o está fuertemente manipulada. Es muy extraña la irrestricta adhesión a la causa Palestina, mientras Ucrania, con muchos meses de guerra y una sangría enorme en vidas, producción de alimentos y dinero, languidece bajo la garra del oso ruso, del regreso de ese zarismo comunista, sólo compatible con el de Catalina y el de José Stalin.

Vladimir Putin y quienes están detrás de su proyecto, consideran que Ucrania es de su propiedad, por su riqueza, su producción agrícola y su ubicación geográfica, sin menoscabo de su cultura e inteligencia. Resistir con esa dignidad con la que lo han hecho, merece que los ucranianos, esa nación entera, sea reconocida de pleno derecho como parte de la comunidad europea, y requiere de un homenaje en la ONU.

Isak Babel -en Cuentos de Odessa– nos ofrece un espejo del tradicional comportamiento de la madre Rusia con Ucrania. Les comparto:

—¿Y esto para qué, Benia?

—Si yo no voy a tener la plata, usted no va a tener vacas,
señor Eichbaum. Es dos más dos.

—Vení adentro, Benia.

Y adentro llegaron a un acuerdo. Se dividieron las vacas acuchilladas. A Eichbaum se le otorgó una garantía de inmunidad certificada con sello. Pero más tarde ocurrió un milagro.
En la noche terrible del asalto, cuando las vacas apuñaladas mugían y los terneros se resbalaban en la sangre materna, cuando las antorchas danzaban como vírgenes negras y las lecheras retrocedían chillándoles en la cara a los cañones amistosos de las Browning, en esa noche terrible, Tsilia, la hija del viejo
Eichbaum, salió corriendo al patio en camisón de encaje. Y el triunfo del Rey fue su derrota.

Polonia y Ucrania son naciones hermanadas por un mismo dolor, el que deja sobre sus espaldas la bota de la opresión, si no la zarista, la comunista, brevemente la nazi y hoy la rusa, pareciera que no han vivido: la producción agrícola de Ucrania, su ubicación geográfica, la convierten en un país codiciable, aunque Putin termine por quedarse con las vacas acuchilladas y su triunfo se convierta en derrota.

Si en las universidades europeas y en las de Estados Unidos se hubiese defendido a Ucrania como hoy dan la cara por el yihadismo islámico, quizá Vladimir Putin ya estaría oculto en su madriguera, pero así es el mundo, como lo constataremos este domingo, después de la tocada de Los Ángeles Azules.

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