
“Las masas nunca han tenido sed de verdad; exigen ilusiones”. Sigmund Freud
JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ BLANCO
Seguramente lo ha percibido siempre, pero, a pesar de habernos acostumbrado, no debemos soslayar su importancia o invisibilizarlo; seguro coincide conmigo que es una grotesca aberración que los altos cargos políticos sean ejercidos por tipos limitados en sus cualidades cognitivas que, pa´cabarla de amolar son intensamente corruptos.
Es como una maldición en los pueblos, pero acontece desde todos los tiempos porque en las democracias, subyace una lógica perversa para que funcione así.
El sujeto que se apega a las mejores prácticas éticas, no encuadra en las dinámicas de ambientes políticos; simplemente no cabe y sólo puede alcanzar posiciones medianas; en ese oficio de la política, sólo avanzan a las grandes cúpulas quién desarrolla capacidades para “tragar sapos sin hacer gestos” y es así porque se enfrentan entre sí compitiendo con otros y para ganar posiciones prometen y crean expectativas sin importar que sean imposibles de cumplir o incompatibles con lo correcto y acontece porque esas ofertas reditúan apoyos populares que se entregan luego de escuchar lo que quieren oír, sin razonar; son indispensables para robustecer carreras políticas, avanzar o pasar sobre otros; el objetivo es escalar posiciones y alcanzar decisión y poder.
Para hacer promesas encantadoras y ganar votos ante masas emocionales, nadie requiere formación cognitiva de alto nivel que, paradójicamente, es indispensable para tomar decisiones delicadas y asertivas en el ejercicio de cargos públicos.
En esa dinámica los partidos políticos hacen lo mismo que sus miembros trafican, negocian, pactan, “marrullean”, se corrompen y al final se armonizan con sus postulaciones con quienes amalgaman intereses de grupos y cúpulas en compromisos recíprocos; al final, todos se lavan la cara con discursos descontextualizados de democracia que pronuncian sin pudor, como si deveras lo creyeran y el mundo que les rodea fuera de tontos.
Los pueblos acogen las postulaciones partidistas sin chistar, se conforman con elegir entre lo que proponen partidos y votan por opciones entre mediocres y muy mediocres para finalmente autoengañarse aduciendo que eso es democracia.
En efecto, muy bien lo intuye, es un problema de cultura cívica, de valores, de mediocridad en nuestro estilo comunitario, de indiferencia, desinterés, egoísmos y corrupción generalizada como un modelo de vida permisivo de malas prácticas de convivencia.
CASOS ABERRANTES POR INDIFERENCIA PARTICIPATIVA
Los mecanismos de acceso al poder disfrazados de democracia, permitieron el empoderamiento de personajes deleznables como Hitler, Mussolini, Hugo Chávez, Maduro, Daniel Ortega o Petro, por referir algunos, pero en la órbita nacional el fenómeno es idéntico en casos de decenas de gobernadores y alcaldes recientes; es vomitiva la opinión que tenemos casi todos sobre funestos políticos como Javier y César Duarte, Roberto Borge, Félix González, Cuauhtémoc Blanco, Natividad González, Rocha Moya, Américo Villareal, Marina del Pilar, Rocío Nahle, Layda Sansores, Adán Augusto, Ricardo Monreal, Félix Salgado, los Yunes, Noroña, Mario Delgado entre otros cientos; citar los nombres de políticos corruptos exigiría planas completas.
Las consecuencias de sus desempeños en unos casos fueron desastrosas y otras hasta horribles, generaron pobreza, promiscuidad política, hambre, homicidios, narcogobiernos, encubrimientos, tráfico de influencias, campos de exterminio, fosas clandestinas, desaparecidos, prepotencias, dictadura, corrupción desmedida, caos etc.
llamaré su atención sobre dos casos recientes muy a su vista, el de López Obrador, nadie lo eligió para endeudar al país, ni para desmantelar el sistema político e instituciones de salud, ni para asociarse con cárteles y exponenciar sus capacidades criminales de producción, tráfico de drogas y expansión en giros como extorsión o secuestros, ni para corromper toda la administración federal, estatal y municipal otorgando contratos para saquear finanzas públicas, o empoderar a sus hijos en descaradas prácticas de amiguismos y corrupción, o traer migrantes, sin embargo, ahí estuvo, desmantelando instituciones, prostituyendo la política, poniendo instituciones al servicio de cárteles y desfondando al país ante la contemplación de mayorías indiferentes y apáticas que se lo permitieron y continúan permitiendo prolongar su poder transexenalmente.
El caso de Trump tiene otros matices, nadie lo eligió para hacer locuras imperialistas, desquiciar la economía mundial, atacar países con impunidad o reventar organismos internacionales; sin embargo, ahí está y continúa ante la contemplación de sus electores y del mundo.
EL SISTEMA DEBE CAMBIAR.
Los cargos públicos exigen un altísimo nivel de responsabilidad, asertividad y calidad técnica en la toma de decisiones que nos trascienden a todos, no es sano que tengamos políticos estúpidos, tomando decisiones estúpidas tratándonos como tales.
No es justo que tengamos ese caudal de aberraciones teniendo tantas riquezas naturales, culturales e históricas.
Necesitamos mejores gobiernos, funcionarios serios y formados, expertos y la incorporación operativa de cuadros altamente calificados, con valores éticos en todas las posiciones de organismos públicos.
Se que difícilmente lo verán nuestros ojos, tristemente la historia prueba que generalmente se imponen los intereses pervertidos de grupo a los nacionales y que, para los grupos de poder, es más importante instalar a políticos “Vargitas”, que sean lo suficientemente elementales y manejables para dominarlos desde las sombras como a Delcy Rodríguez o a otras marionetas que de manera simplista se prestan a imitar a sus mentores como el caso que Usted conoce.
Estos escenarios nos imponen tres decisiones fundamentales.
1.- Sobrevivir, a pesar de la presencia constante de políticos nefastos.
2.- Construir condiciones de viabilidad de vida a pesar de las adversidades políticas.
3.- Participar activamente en política, exigiendo a los partidos ética, cuidado en las postulaciones, candidatos serios, con alto perfil personal moral y profesional y gobiernos que ofrezcan servicios públicos a la altura de nuestras expectativas.
Nuestra participación en política, implica funcionar bajo idealismos, es cierto, pero no es ingenuidad, es, exactamente, lo que nos toca, hacer lo correcto porque está a nuestro alcance, desear, exigir, postular hacia el lado correcto, es creer, es forjar una resistencia activa y esa fe nos vincula con nuestros actos.
Qué necesidad de estar ahora lidiando entre dislates de narcopolíticos corruptos reclamados por USA, violencia, corrupción, desabasto, deforestación, crisis financieras, desaparecidos, madres buscadoras, centros de exterminio, hospitales sin medicinas, sistemas de procuración e impartición de justicia demolidos en la ineficiencia, ¡¡Todo mal!!, perciba que pagamos las consecuencias de nuestra indiferencia y apatía política.
¿Porque hemos de vivir así?, en lugar de disfrutar sistemas vanguardistas de calidad y buenas noticias.
Esa es la diferencia entre la apatía negligente en la participación política que nos impone la vocación de exigir decididamente políticos que hagan lo correcto; esa diferencia es real y radica en usted y en mi.
¡Nadie debemos rendirnos ante la calamidad de políticos mediocres!, ¿En que clase de país queremos vivir y que vivan nuestros hijos?, querer, es creer, luchar por lo correcto es no ceder, no tolerar la corrupción, no sucumbir ante la indiferencia cómoda.
José Carlos González Blanco.
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