
«La primera obligación de un gobierno es hacer justicia legal y empeñarse en proteger con la justicia moral». -Francisco Bulnes-
JORGE LUIZ FALCÓN ARÉVALO
GUERRERO. Cuando en un proceso de selección interna los aspirantes optan por la diatriba, la mofa y la acusación infundada en lugar de la defensa de la gestión gubernamental, ocurre un fenómeno de «canibalización institucional».
La desvinculación entre el partido y su propia obra: Resulta paradójico que, ante una estructura de gobierno de la misma afiliación, los candidatos no encuentren en las obras públicas (escuelas, hospitales, avances en seguridad) su principal activo de campaña. Esto denota que el debate interno se ha vuelto un fin en sí mismo, un «juego de espejos» donde la realidad social es eclipsada por buscar sin encontrar el posicionamiento.
El discurso político se ha reducido a la opinión vacía (doxa), donde el ataque personal es más rentable electoralmente dentro de la militancia que la propuesta técnica o el análisis de la realidad.
No solo se observa un fenómeno de estilo, sino un síntoma de una estructura que ha priorizado la lucha por la legitimidad interna sobre la defensa del proyecto de gobierno.
Para un gobierno, el mayor capital político es la eficacia. Si los aspirantes no anuncian «con bombo y platillo» los avances son porque, tal vez, la arquitectura político-social del estado ha permitido que la gestión sea vista como una responsabilidad administrativa aislada, y no como la bandera colectiva de una transformación. Al no hacer propia la gestión, los candidatos terminan huérfanos de logros.
El llamado es a rescatar el discurso de la trivialidad y obligar, mediante la pluma y la crítica, a que el debate gire sobre lo que realmente sostiene la vida cotidiana de las personas: su paz, su salud y su futuro.
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