
JORGE LUIS FALCÓN ARÉVALO
“El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos.” Epicteto
GUERRERO. La suma de todos las y los males de Atoyac de Álvarez, en torno a Esthela Damián Peralta. Sumar en política como en las matemáticas es de provecho; pero en la administración, es insano. Cuando ya conoces de antemano a aquellos y aquellas que se agregan,
Cuando se analiza el panorama de un municipio con tantos desafíos históricos como Atoyac de Álvarez, Guerrero, esta lógica de «sumar por sumar» adquiere un peso específico en torno a figuras como Esthela Damián Peralta (quien cuenta con una trayectoria de peso en la administración y la fiscalización, y que ha estado vinculada a la operación política de alto nivel).
Unos por simpatía que, observan en Damián Peralta, un bálsamo para cerrar heridas de la grilla; otros, por indicaciones de sus patrones o padrinos o madrinas. Los demás por oficiosos y ociosos.
Los que buscan un «bálsamo para cerrar heridas». Son aquellos que llegan por una auténtica simpatía o porque ven en la figura líder la oportunidad de una tregua tras las feroces batallas internas de los partidos o de la «grilla» local. Buscan estabilidad, pero muchas veces su lealtad es más emocional o de supervivencia política que técnica.
Los enviados por «patrones, padrinos o madrinas». Este es el grupo más peligroso para la salud de la administración pública. No responden a las necesidades del municipio ni a las órdenes de quien encabeza el proyecto; responden a los hilos de quienes los colocaron ahí como cuota política o como «orejas» y operadores de intereses ajenos. Cuando la administración se llena de estas cuotas, la gobernabilidad se fragmenta.
Los «oficiosos y ociosos». Los que se arriman al calor del poder por mera inercia, buscando el beneficio personal, el sueldo seguro o el estatus que da el servicio público, pero sin una pizca de vocación, capacidad o propuesta real para resolver las problemáticas de la gente.
El peligro de la agregación insana en la administración; esta suma es insana porque el gobierno no es un mitin de campaña; es una maquinaria técnica que debe dar resultados. Atoyac de Álvarez arrastra rezagos históricos en materia de desarrollo social, infraestructura y seguridad que no se resuelven con compromisos políticos, sino con perfiles capaces, honestos y alineados a un solo objetivo.
Cuando un gobernante o administrador se rodea de esta mezcla heterogénea de intereses, la toma de decisiones se paraliza, los recursos se pulverizan para mantener contentas a las facciones y el verdadero perjudicado termina siendo el ciudadano. El gran reto de cualquier liderazgo político en la región es saber cuándo cerrar la etapa de la «suma electoral» y abrir la de la depuración administrativa, donde solo permanezcan los que van a trabajar, no los que van a cobrarse favores.
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