
IRMA PILAR ORTIZ
La violencia e inseguridad que azotan a toda la población, la falta de empleos formales, con prestaciones sociales; el huachicol fiscal y no fiscal; los contratos millonarios para obras públicas y servicios, adjudicados sin licitación; los vínculos de altos militantes de Morena con el narcotráfico, más lo que se acumule esta semana, nos mantienen distraídos, muy distraídos.
Por ello, nadie atiende con seriedad lo que está pasando en la frontera sur y que es realmente muy grave. No se trata de los viajes VIP de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, acompañada de sus hijos y esposo, que todo indica fueron “cortesía” de un contratista del Gobierno estatal.
Sino de la crisis que enfrentan los sectores productivos en la región, la cual, una vez más, quieren convertir en un desarrollo industrial, atraer inversiones, generar competitividad, comercio e infraestructura, así como cadenas productivas, a través de la integración económica, incluyendo los Polos de Desarrollo para el Bienestar, zonas que cuentan con infraestructura, conectividad e incentivos fiscales para atraer al capital y detonar el crecimiento económico regional
Desde los años 70’s, cuando construyeron, sobre el río Grijalva, la Central Hidroeléctrica Manuel Moreno Torres, el embalse de agua más grande del país, conocido como la presa de Chicoasen, en Chiapas, se habló de aprovechar todo el potencial económico que tiene el sur-sureste de este país.
Todo se queda en planes.
Es el momento que, en Chiapas, con todo y Chicoasén en su territorio, la Secretaría de Energía y la Comisión Federal de Electricidad no logran garantizar el abasto de energía eléctrica. Hay una constante falta de electricidad en diferentes regiones del estado, por lo que ya estaría bien que se tome en cuenta a esta entidad dentro de las propuestas de inversión que realiza el Ejecutivo federal para el sector energético.
Porque sí, muy bonitos los spots que nos recetan todo el día, sobre los supuestos grandes avances con el gobierno de la presidenta Sheinbaum, pero la realidad es otra cosa.
No todo es la carencia de infraestructura básica. También está la severa crisis de inseguridad, no sólo se trata de combustible cuando se habla de la entrada ilegal de mercancías al país, hay otros productos, que también generan un grave daño.
Resulta que por la frontera sur ingresa azúcar de caña, principalmente de Guatemala y Brasil. Actualmente, se contabilizan alrededor de 800 mil toneladas. Pero, resulta que no se hay permisos de importación, toda vez que se rebasó la producción nacional y, se supone, este producto debe tener prioridad en el mercado interno.
El caso es que 17 ingenios azucareros de Veracruz, están a un paso de la quiebra.
De la misma manera, es la entrada ilegal de camarón, proveniente de Ecuador, lo que genera una competencia desleal que afecta a los ribereños que se dedican a la acuacultura.
Aunado a todo esto, los productores de la región de Ciudad Hidalgo, se quejan de los cruces de paso de la Línea K del Tren Interoceánico, que viene desde Ixtepec, Oaxaca.
Resulta que estos cruces carecen de un rediseño geométrico moderno, está basada en la que construyó Porfirio Díaz hace más de 126 años, lo que limita severamente la competitividad del tren, haciéndolo incluso más lento que el transporte por carretera, lo que afecta a los productores para sacar su mercancía y poderla comercializar oportunamente.
Así la frontera olvidada. La frontera sur, la que sirve para hacer campaña electoral con encendidos discursos en los que, casi con lágrimas en los ojos, hablan del injusto retraso en el desarrollo económico que limita las oportunidades de millones de mexicanos que no tienen acceso a educación de calidad, servicios médicos, un empleo bien pagado y no se diga de infraestructura para tener un hábitat digno y saludable.
Todos distraídos en los graves escándalos, producto de una emergente clase política inepta y altamente ambiciosa, que no deja pasar la oportunidad para engordar sus bolsillos.
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