
JUAN CHÁVEZ
La guerra en el Medio Oriente producirá hambre en el mundo en los meses finales de este conflictivo año de 2026.
No es vaticinio. Es, por desgracia, una realidad. Por la guerra han dejado de producirse los fertilizantes que mantienen la producción en los campos de cultivo del planeta y se asoma la escasez de fruta, verduras, alimento para el ganado y las aves.
La elevación de precios en los alimentos es la fatal premonición de tiempos más agudos en la producción de alimentos.
Todo está carísimo, por la inflación que no da tregua al bolsillo de los hogares mexicanos, y la guerra.
Los consumidores perciben que los precios de los alimentos suben y suben y sus ingresos son insuficientes para mantener el estilo de vida, por lo cual se ven en la necesidad de ajustar sus hábitos para adecuarse a la nueva realidad.
“Todo está carísimo”, “el dinero no alcanza”, “da miedo venir al mercado” y “todo sube y sube y el gobierno dice que las cosas están bien” son algunas de las frases que los mexicanos, principalmente las amas de casa, repiten cuando van al tianguis o supermercado a comprar la despensa de la semana.
El sentir de los consumidores, al menos de la mayoría, es que los precios suben y suben y no hay salario que soporte este incremento. De acuerdo con la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), ante el conflicto de Medio Oriente, los alimentos se encarecerán aún más, hasta 40%, por el aumento del petróleo y la complicación que esto provoca en las cadenas de producción y suministro de los insumos que mueven el mercado global.
Ya en el asomo de la crisis, frutas y verduras tienen su mayor alza en 34 años: precio de jitomate, limón y papa sube más de 20%
“El jitomate, el limón, la papa, la carne, el tomate, el plátano, la calabaza, todo está caro, para donde mires todo cuesta más”, se queja una ama de casa.
En su opinión, “da miedo” ir al tianguis porque, de un día para otro, los precios cambian y la respuesta de los vendedores es: “todo está subiendo, marchanta”.
En febrero, la inflación anual fue de 4.02% en el país, es decir, por arriba del objetivo del Banco de México, de entre 2 y 4%, de acuerdo con datos del Inegi.
El tomate se disparó 91% en ese mes; el jitomate, 60%; el limón, 35%; los ejotes, 24% y el pepino, 11%, por mencionar algunos productos.
“Nunca había visto la verdura tan cara. El kilo de jitomate, hasta en 60 pesos; el tomate, en 40 y el ejote en 50”, se lamenta Rosalía que señala que comer carne ya es un lujo. “Un kilo de res cuesta 280 pesos y la de puerco en 150, es una barbaridad, uno trabaja para comprar sólo un kilo de carne”.
El Indicador de Confianza del Consumidor que evalúa las expectativas de la población con respecto al comportamiento de los precios en los próximos 12 meses, mostró una caída anual de 0.7 puntos en febrero, lo cual refleja que los mexicanos esperan que éstos sigan subiendo.
Según el último estudio de Ipsos que relaciona con el costo de la vida, en México 34% de la población apenas alcanza a llegar a fin de mes y 33% asegura que tiene dificultades económicas, en un contexto de inflación creciente. De hecho, 76% considera que los precios seguirán en ascenso en los próximos meses, lo cual es un factor de preocupación.
Si consideramos que en México las familias se integran en promedio por cuatro personas, el gasto mensual en alimentos supera los 10,000 pesos, tomando en cuenta que, de acuerdo con el Inegi, cada persona debe destinar al menos 2,516 mensuales para cubrir sus alimentos básicos en zonas urbanas.
«Esto significa que otros gastos indispensables del hogar quedan fuera del presupuesto, como salud, educación, transporte, vivienda, ropa o esparcimiento. Esta situación refleja la difícil realidad económica que enfrentan muchas familias mexicanas para quienes alimentarse todos los días representa un gran esfuerzo», señaló Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Anpec.
La tensión entre Irán e Israel, con Estados Unidos como atizador de la guerra, ya impacta el mercado global de fertilizantes. Para México, altamente dependiente de importaciones [70% de lo que consume la agricultura), el efecto podría trasladarse a granos, hortalizas y, eventualmente, a los precios en restaurantes.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advierte que el conflicto en Medio Oriente elevó los riesgos para energía, fertilizantes y alimentos.
El foco es el estrecho de Ormuz, clave para petróleo, gas y fertilizantes, donde ya hay disrupciones que encarecen insumos agrícolas a nivel global.
Países como Irán, Qatar, Arabia Saudita y Omán son grandes exportadores de fertilizantes nitrogenados, producidos con gas natural (urea y amoniaco) o minerales. La urea depende del gas —abundante en Irán y Qatar—, por lo que cualquier interrupción eleva su costo.
Por Ormuz pasa una parte relevante del comercio global de energía y fertilizantes; si se afecta, suben precios y se retrasan envíos hacia mercados como América Latina.
La FAO estima que el Golfo concentra entre 20% y 30% del comercio global de fertilizantes. El mercado ya reaccionó: la urea subió cerca de 50% en semanas y el amoniaco también registra alzas relevantes.
El fertilizante no sólo afecta al campo, también al menú.
Cuando se habla de conflictos geopolíticos, la atención suele centrarse en el petróleo. Sin embargo, en el sistema alimentario el fertilizante es igual de estratégico. La FAO advierte que mayores precios de energía y posibles faltantes de fertilizantes amenazan los rendimientos agrícolas y pueden amplificar la volatilidad de los precios de los alimentos.
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