
JUAN CHÁVEZ
El diablo fue el judas de la Pasión en la Semana Santa que terminó este domingo de resurrección.
Hasta ayer, 53 playas del Golfo de México habían sido enchapopatadas por los derrames de los hidrocarburos originados en el complejo de Cantarel y la refinería de Dos Bocas en el municipio de Paraíso, Tabasco.
La presidenta culpó a un barco privado de los derrames. Pero el buque, surto en el mar, estuvo ahí por 8 días, reparando los ductos petroleros.
El derrame se sigue expandiendo. Tabasco, Veracruz y Campeche son los estados más afectados, donde las playas contaminadas arrojan al menos 14 especies marinas que han muerto.
La mancha que recorre 933 kilómetros de costa, sigue extendiéndose y los derrames no han sido detenidos. Para el turismo local, fue el viacrucis: bañarse en aguas contaminadas, aunque la Cofepris haya mal informado que solo una playa no reunía la limpieza para ser utilizada.
Se pretendió engañar para que el turismo no se viera dañado. Pero es imposible engañar a un pueblo o a una sociedad que vive en la inseguridad y el temor en grandes territorios bajo control de las bandas criminales. O a merced de la guerra entre ellas bajo la ley de la selva, del más fuerte, una vez destruidas por el propio régimen las instituciones del estado de derecho. Y menos factible sería engañar a Trump y a sus halcones con esos reacomodos de cifras, si con ello se busca quitarse de encima su amenazante supervisión de México desde la premisa de que el país está gobernado por los cárteles.
Fosas sin nombres. Las palabras en latín, incluso las misas en latín del pasado que le agregaban a la práctica religiosa el atractivo del hermetismo y el misterio. Pero para los niños de varios estados no hay misterio ni cruces en los caminos de Sinaloa, Guerrero, Michoacán, entre otros, porque sus muertos de los caminos yacen en fosas clandestinas: el objetivo de madres buscadoras para poner una cruz por sus deudos en el camino en que los “levantaron”, “cazaron” o “ejecutaron”: para llevar el vía crucis de sus vidas en paz.
La inventiva engañosa de los no informes del régimen no parece tener límites. No sólo en materia de inseguridad y violencia. Todavía no informa del origen de la mancha de petróleo que causa estragos ecológicos, hizo perder a los pescadores veracruzanos la venta de Semana Santa y amenaza con llegar a las costas de Texas y provocar algo allá. Todavía en la mañanera del lunes pasado la presidenta ofreció investigar lo que se publica en la prensa, reforzando la especie de que se encubre a otro hampón del huachicol inserto en el poder político.
Los gobiernos morenistas son especialistas en crear sus propias narrativas. Son expertos en minimizar, en ocultar y mentir para evitar asumir su responsabilidad. Es parte de su naturaleza. Esa es la directriz que ha seguido la presidenta Sheinbaum para abordar la tragedia ecológica que se vive en el Golfo de México debido al derrame de hidrocarburos.
Hace más de una semana, la mandataria salió apresurada a deslindar a Pemex e informar que el responsable de la contaminación era un barco privado. Sin embargo, días después reconoció que las instancias revisan si hay otra fuente de hidrocarburos.
La información tomó relevancia gracias a las denuncias de organizaciones defensoras del medio ambiente que revelaron la muerte de especies marinas y, después, le siguió la inconformidad de los pescadores y la publicación de fotografías de la contaminación de playas.
Ante la presión, en Palacio Nacional se anunció la creación de un grupo interdisciplinario. La conclusión de este comité fue que la presencia de hidrocarburos se debía a un barco aún no identificado y a dos chapopoteras, como se les conoce a las emanaciones naturales.
Sin embargo, especialistas dudan de lo dicho por el gobierno, debido a que es poco creíble que sea una chapopotera y aún menos probable que se trate de dos. Y si a eso se le suma el derrame en el barco, la historia es prácticamente imposible.
En contraste, ha surgido nueva información. El periodista de “El País”, Carlos Carabaña publicó que una imagen satelital, tomada el 15 de febrero pasado, muestra, cerca del punto donde el gobierno situó el origen del desastre, al buque Árbol Grande sobre una mancha aceitosa en el mar, identificado como posible derrame.
Este barco, que fue ubicado sobre el oleoducto Old AK C, opera para una empresa contratista de Pemex para el mantenimiento de ductos marítimos. Con ello, se confirma que estaba realizando trabajos de reparación para controlar la fuga debido a que permaneció detenido ocho días en el punto.
Entonces, ¿por qué Pemex no ha aceptado que la fuga provino de sus instalaciones? ¿Será que ésta se debe a la corrosión o falta de mantenimiento de sus ductos? Aunque luego salió a aclarar que la información del diario era imprecisa, no ha presentado la información que muestre lo contrario.
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