EL OTRO DATO/ Sheinbaum demuestra la efectividad de los balazos

JUAN CHÁVEZ

El cambio de la política obradorista de “abrazos, no balazos”, quedó abiertamente rechazada y superada por la presidenta Sheinbaum.

Ella, con la caída de “El Mencho”, demostró la efectividad de los balazos para combatir al narco y sus sicarios.

Los abrazos se los llevo a Palenque el ex presidente López que con sus políticas propició el crecimiento de los cárteles de la droga.

Sheinbaum cambió por completo la política de seguridad. Abandonó los abrazos y regresó a los balazos. Si alguien se resistía a aceptarlo, este domingo 22 de febrero quedó claro. Ella nunca lo va a decir porque implica exhibir a López Obrador, pero la realidad es esa. Ahora, va a tener más fichas para negociar con Trump. Y ahora puede iniciar el nada sencillo proceso de ir desmantelando las redes de extorsión y muerte de esta organización criminal que alcanzaban casi todas las actividades económicas atemorizando a miles y miles de ciudadanos en muchos lugares del país. Nada de eso podía pasar con “El Mencho” operando a sus anchas.

La presidenta aseguró que la operación con el Mencho tenía como objetivo la detención y que se actuó en el marco de la ley para responder al ataque que recibieron las Fuerzas Armadas.

Oseguera Cervantes fue identificado por autoridades como líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales con mayor expansión territorial en la última década.

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La primera mandataria detalló que recibió la noticia en las primeras horas del 22 de febrero, directamente del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, y que desde ese momento se activó un puesto de mando para dar seguimiento puntual a la situación.

“Muy temprano me llamó el General Secretario, me informó lo que estaba ocurriendo y estuve en contacto con la Secretaría de Seguridad”.

Claudia “marca” su propio destino. El luto llevado en su vestido y el reconocimiento verbal a los militares, “… hombre y mujeres que siempre están dispuesto a dar la vida por los demás”, y la voz quebrada del secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, cuando hablo de los 25 integrantes de la Guardia Nacional que perdieron la vida en el operativo en Tapalpa, que a la postre condujo a la captura de “El Mencho”, fue lo más emotivo del reporte a la nación que presentaron el lunes durante la conferencia mañanera en Palacio Nacional.

La presidenta Sheinbaum dijo, “El pueblo de México debe sentirse orgulloso de nuestras Fuerzas Armadas”. Por supuesto que los mexicanos nos sentimos orgullosos de nuestros militares, quienes se han visto obligados a “poner el pecho” para tratar de contener las irresponsabilidades de muchos decisiones políticas -durante muchos años- que han provocado que el tejido social se descomponga y corrompa, poniendo al país a merced de la delincuencia. Léase López Obrador

Esa captura, ese abatimiento, sí muestra un hacer distinto a la omisión que hubo en los últimos años. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que en buena medida esa captura deviene de una presión directamente de Donald Trump. Parece que el Gobierno lo que hace es adelantarse para evitar cualquier posible inclusión por parte del Gobierno de Estados Unidos.

El reto no termina con la caída de un líder criminal, sino que el verdadero pendiente es desarticular la estructura financiera, territorial y operativa del grupo, así como contener eventuales disputas internas o reacomodos con otras organizaciones.

 

No basta con la captura o el abatimiento de un líder porque puede ser que ya haya una línea sucesoria clara, y eso va a implicar también una guerra intestina.

Lo que viene es evidenciar una estrategia para desarticular toda esa infraestructura financiera, territorial y operativa del Cártel Jalisco Nueva Generación.

No se ve la eficacia de los resultados si no se hace de la mano con el Gobierno de los Estados Unidos; tiene que ser una estrategia binacional para que dé resultados. No esperemos que el cártel tenga nuevo dirigente, que podría ser más asesino y frío que El Mencho.

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