
IRMA PILAR ORTIZ
La destrucción del órgano colegiado, que independientemente del partido en el poder, dio credibilidad y certeza institucional a México en las últimas décadas, está a punto de llegar a su objetivo final con la colonización del INE a través de la llegada de tres consejeros electorales afines a Morena.
Este lunes, la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados recibirá del Comité Técnico de Evaluación las tres quintetas de las personas aspirantes a ocupar las tres consejerías del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, para luego turnarlas al Pleno de la Cámara de Diputados, donde dos terceras partes de los diputados presentes deberán elegir a uno de cada quinteta o bien dejar que la Suprema Corte, los elija por tómbola.
Lo que se veía venir y muchos deseaban estar equivocados en su apreciación, avanza a paso firme en San Lázaro: la llegada de esbirros de Morena. El caso que más sospechas generó fue el de Arturo Chávez, quien apenas el 1 de octubre pasado fue designado por la presidenta Sheinbaum director de los Talleres Gráficos de la Nación, pero que ya en varias ocasiones anteriores trabajó con ella.
Resulta que Chávez López acertó en 99 de cien preguntas que incluía el examen que se realizó a los aspirantes, lo que orilló a presuponer que alguien le filtró el examen y las respuestas, para que su calificación fuera casi perfecta, aun cuando carece de experiencia electoral.
Bien dice el ex secretario Ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo Molina, en lugar de que el proceso gane en credibilidad y certeza, avanza en el camino de sembrar más sospechas sobre la parcialidad de quienes finalmente ocupen esos lugares.
“No se trata de algo menor, se trata del arbitraje de la política y eso supone cierto conocimiento en la materia, pero, sobre todo, que quienes ocupen un lugar entiendan la responsabilidad de Estado que asumirán. No es exagerado plantearlo en estos términos, ya que sus decisiones tendrán consecuencias sobre la paz pública, la credibilidad de las instituciones y la legitimidad de los gobiernos y congresos que emerjan de las urnas”.
Debe preocupar la alarma que enciende Jacobo Molina, lo cual coincide con lo que dijo María Marván, presidenta del Consejo Rector de Transparencia Mexicana: “la credibilidad del Tribunal Electoral ha venido bajando hasta llegar al momento actual que carece de credibilidad”.
Aun así, la mayoría de Morena se atreve a realizar un proceso de selección de consejeros electorales que, a todas luces, es una simulación.
Mucha ha sido la tentación que enfrentaron gobiernos anteriores para apoderarse del INE, pero los que sí lo lograron son los de la 4T que pudieron infiltrar al Instituto al reformar los artículos 45 y 48 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, aprobadas por la mayoría de Morena en el Congreso de la Unión en octubre de 2024.
Esa reforma, conocida como la ley Taddei, otorga súper poderes a Guadalupe Taddei, pues la faculta, como presidenta del Instituto a poner y quitar personal en áreas estratégicas como son las unidades técnicas y direcciones ejecutivas, sin necesidad de consultar con nadie y menos lograr un acuerdo consensado en ese órgano colegiado, cuando esa práctica se convirtió en el garante de transparencia.
Así el INE que será el responsable de la elección intermedia del 2027 y la presidencial del 2030. Lo peor de todo es que las consecuencias para la democracia, la certeza y estabilidad institucional son incalculables, ya que se reflejan en la paz social y el crecimiento económico.
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