BITÁCORA PÚBLICA/ ¿Y si sí?

Con la Mirada de ADRIANHA RANGEL

Opinión con rumbo, análisis con propósito, compromiso con lo público

Durante las últimas horas, millones de mexicanos hemos reaccionado a la eliminación de nuestra selección frente a Inglaterra en el Mundial. Como suele ocurrir, las redes sociales se llenaron de explicaciones inmediatas: que si el árbitro, que si la FIFA, que si intereses económicos, que si el partido estaba decidido desde antes.

Entonces surge una pregunta que vale la pena hacernos no sólo en el deporte, sino en la vida pública del país:

¿Y si sí?

¿Y si alguna de esas versiones fuera cierta? ¿Y si realmente existiera una intervención externa? ¿Y si las decisiones no respondieran únicamente a las reglas del juego?

La respuesta no puede construirse desde la emoción, sino desde la evidencia.

Vivimos en una época en la que la velocidad de una noticia supera con facilidad a la velocidad de la verdad. Compartimos antes de verificar. Opinamos antes de conocer los hechos. Condenamos antes de investigar.

Y ese fenómeno no sólo ocurre con el fútbol.

Esta misma semana, el debate político en México ha girado en torno a una reforma constitucional que establece la posibilidad de anular una elección cuando se acredite la existencia de injerencia extranjera. Al mismo tiempo, continúan las discusiones sobre los ajustes a la reforma judicial, incluyendo nuevas reglas para la elección de jueces y magistrados.

Más allá de la postura que cada ciudadano tenga sobre estas reformas, ambas parten de una misma premisa: las decisiones democráticas deben protegerse y las acusaciones deben poder demostrarse.

Ese es precisamente el punto.

No podemos construir una democracia sobre rumores, pero tampoco podemos ignorar las señales cuando existen elementos para investigarlas. La diferencia entre una sociedad madura y una presa de la desinformación está en su capacidad para distinguir entre sospechas y pruebas.

El fútbol nos deja una lección inesperada. Después de una derrota, aparecen cientos de explicaciones, muchas de ellas atractivas porque alivian la frustración. Sin embargo, las versiones más compartidas no siempre son las verdaderas.

En política ocurre exactamente lo mismo.

Por eso, antes de compartir una nota, indignarnos por un video o asumir que una decisión fue producto de una conspiración, vale la pena detenernos un momento y formular una pregunta sencilla, pero poderosa:

¿Y si sí…?

Y, enseguida, otra todavía más importante:

¿Dónde están las pruebas?

Porque la democracia no puede sostenerse sobre percepciones, ni la justicia sobre rumores, ni la opinión pública sobre información sin verificar.

Hoy más que nunca, el mayor acto de responsabilidad ciudadana no consiste en ser los primeros en reaccionar, sino en ser los primeros en buscar la verdad.

“En tiempos donde cualquiera puede difundir una noticia, el verdadero ciudadano no es quien más comparte, sino quien más verifica.”

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