
Con la Mirada de ADRIANHA RANGEL
Opinión con rumbo, análisis con propósito, compromiso con lo público
Por meses he tenido la impresión de que México es gobernado con “zapatos prestados”. No porque falte liderazgo en la Presidencia, sino porque los pasos que hoy se dan parecen seguir la huella de alguien más.
La llegada de Claudia Sheinbaum representó para muchos la posibilidad de una nueva etapa. Una científica al frente del país, con estilo propio, trayectoria académica y experiencia de gobierno. Sin embargo, conforme avanzan los meses, la pregunta persiste: ¿hasta dónde gobierna con su propia visión y hasta dónde continúa caminando con los zapatos políticos de Andrés Manuel López Obrador?
Los zapatos prestados tienen una característica peculiar: permiten avanzar, pero rara vez ofrecen comodidad. Fueron diseñados para otro paso, otra forma de caminar y otro momento histórico. Lo que funcionó para un líder carismático que construyó un movimiento político durante décadas no necesariamente funciona de la misma manera para quien enfrenta desafíos distintos en un contexto diferente.
La continuidad es una virtud cuando preserva aquello que ha dado resultados. Pero también puede convertirse en una limitación cuando impide innovar, corregir errores o construir una identidad propia. Gobernar no consiste únicamente en administrar una herencia política; implica tomar decisiones que respondan a las necesidades del presente y a los desafíos del futuro.
México enfrenta retos complejos: seguridad, crecimiento económico, educación, competitividad internacional y fortalecimiento institucional. Resolverlos exige más que continuidad; exige liderazgo propio.
La ciudadanía no eligió una réplica del pasado, sino a una Presidenta con (A), con capacidad para imprimir su sello personal al rumbo del país.
Quizá el verdadero desafío para Claudia Sheinbaum no sea demostrar lealtad al proyecto que la llevó al poder, sino demostrar que puede trascenderlo. Los liderazgos se consolidan cuando dejan de caminar sobre huellas ajenas y comienzan a marcar las propias.
Porque los zapatos prestados pueden servir para iniciar el camino; pero ningún gobernante construye su legado caminando toda la vida con los pies de otro.
Hoy los mexicanos le están exigiendo su sello personal; su propia huella, basta con mirar las encuestas que por más cuchareadas la tienen con una caída de 20 puntos; y por más mítines con acarreados de todo el país la visión es clara ¿Dejara los zapatos prestados? O ¿dará los pasos que terminen con su gobierno y esta transformación de 4ta?
El PAN vuelve a jugar a la política
En política, pocas cosas son tan valiosas como saber convertir una crisis ajena en una oportunidad propia. Y eso es precisamente lo que parece estar haciendo el Partido Acción Nacional en las últimas semanas.
Mientras Morena enfrenta cuestionamientos por la defensa política de figuras como Rubén Rocha Moya, el PAN ha optado por una estrategia distinta: asumir una postura de contraste. Ricardo Anaya, desde la tribuna del Senado y con la camiseta bien puesta de la gobernadora Maru Campos, ha construido un discurso que no se limita a la crítica fácil, sino que busca evidenciar las contradicciones del oficialismo. El mensaje es claro: respaldar resultados y gobiernos que consideran exitosos, sin cargar con los costos políticos de administraciones ajenas.
Pero quizás el movimiento más interesante no ha sido legislativo, sino simbólico. La reaparición de Vicente Fox y Felipe Calderón en la conversación pública no parece responder únicamente a la nostalgia partidista. Más bien busca proyectar una imagen de cohesión interna, de experiencia acumulada y de un partido que, tras años de divisiones, intenta reencontrarse consigo mismo.
El mensaje está dirigido tanto al Gobierno Federal como a la ciudadanía: unidad, fortaleza y capacidad de organización. En un momento donde el poder político parece concentrarse en una sola figura y donde muchas decisiones se interpretan bajo la lógica de un liderazgo dominante, el PAN intenta presentarse como una fuerza colectiva, capaz de reunir distintas voces bajo una misma causa.
La apuesta no está exenta de riesgos. Fox y Calderón siguen siendo personajes que generan opiniones encontradas y cuya sola presencia reactiva viejos debates. Sin embargo, el PAN parece haber calculado que hoy el beneficio de mostrar cohesión supera el costo de recordar el pasado.
Lo relevante es que, por primera vez en mucho tiempo, la oposición parece entender que no basta con señalar los errores del gobierno. También debe construir una narrativa propia. Y en esa tarea, Acción Nacional ha comenzado a aprovechar cada espacio que le deja Morena.
Porque en política, cuando el concierto parece diseñado para un solo hombre, la verdadera habilidad consiste en lograr que la audiencia vuelva a escuchar a la orquesta completa.
Adrianha Rangel
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