
«Ni los veo ni los oigo». Carlos Salinas de Gortari
JORGE LUIS FALCÓN ARÉVALO
GUERRERO. Cuando un Estado o gobierno incumple sistemáticamente sus obligaciones presupuestarias, legales y sociales, se ingresa en un terreno de patología institucional y ruptura del pacto político.
El Estado existe a partir de un acuerdo implícito y explícito: la ciudadanía cede parte de su autonomía y aporta recursos (tributación) a cambio de que la administración garantice el orden, la no violencia, bienestar político, la provisión de bienes públicos, la seguridad jurídica y el bienestar social.
Cuando el gobierno deja de pagar salarios, proveedores e instituciones civiles y de Derechos Humanos rompe la base material de la convivencia social.
La sociedad atenta y que está alerta experimenta un estado de desregulación, de desorden donde las normas (en este caso, la ley de presupuesto) dejan de cumplirse por parte de la propia autoridad que debería garantizarlas, generando desorientación y descomposición del tejido social.
No ejecutar el presupuesto aprobado o desviar los fondos obligatorios ya planeados constituye una violación del principio de legalidad y, en muchos ordenamientos jurídicos, puede tipificarse como delitos de malversación, abuso de autoridad o incumplimiento de deberes de funcionario público. Allí y ahí es donde los Congresos Locales, se deben hacer responsables con honorabilidad y transparencia.
Desde el rigor periodístico académico, las etiquetas o adjetivos que corresponden a un gobierno en esta condición son:
Gobierno en cesación de pagos institucional (o default administrativo): No solo quiebra financieramente, sino que quiebra su capacidad operativa frente a sus mandantes.
La incapacidad crónica de cumplir con sus funciones básicas de bienestar y obligaciones salariales lo convierte en un Estado fallido por omisión o default prestacional.
Aunque haya accedido al poder por vías democráticas, constitucionalmente el ejercicio arbitrario y fuera de la ley del presupuesto despoja a la gestión gubernamental de su legitimidad de ejercicio.
P.D. «No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley». Andrés Manuel López Obrador
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