
Acdmer Antonio Galicia Campos y Gerardo Velasquez Maravert, dirigentes sindicales en Veracruz
Ezequiel Ortiz Moreno
CIUDAD DE MÉXICO, 24 de marzo 2026 (entresemana.mx). En menos de una semana, dos secretarías del gobierno estatal han sido tomadas por trabajadores organizados: la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) por el Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano (SIMVE), a cuyo frente está Gerardo Velásquez Maravert, que representa a empleados y maestros del Programa Vasconcelos, y la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP) por el Sindicato de Empleados del Poder Ejecutivo de Veracruz (SEPEV), liderado por Acdmer Antonio Galicia Campos. Dos protestas distintas, dos demandas legítimas de reinstalación y respeto a derechos laborales, pero un mismo denominador: la ausencia total de diálogo por parte de las autoridades.
Ni el secretario de Educación ni el de Infraestructura han recibido a las dirigencias. En ambos casos, los líderes sindicales —el del SIMVE y Acdmer Galicia Campos— han denunciado que sus peticiones de audiencia han sido ignoradas sistemáticamente. Curiosamente, ambos han enfrentado amenazas en el pasado precisamente por defender con firmeza a sus agremiados. Galicia Campos, incluso, ya fue detenido arbitrariamente en una ocasión anterior durante otra movilización similar. Y ahora, de manera sospechosa, un día después de que el SIMVE negara la entrada a funcionarios de la SEV en medio de su plantón, su dirigente fue denunciado este mismo día ante la Fiscalía por la supuesta “venta de una plaza”. Coincidencias que huelen a estrategia para deslegitimar y debilitar la protesta.
Esto no es aislado. A nivel nacional, los jubilados de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) marchan en estos mismos días contra una reforma que pretende recortar sus pensiones, recordándonos que el ataque a los derechos laborales no es solo veracruzano: es un patrón que se repite en todo el país. Parece que no es un buen momento para el sindicalismo independiente. Gobiernos y autoridades parecen preferir el silencio, la dilación o la criminalización antes que sentarse a negociar con trabajadores de carne y hueso.
Pero precisamente por eso, hoy más que nunca se necesitan líderes aguerridos como los Gerardo Velásquez Maravert y como Acdmer Antonio Galicia Campos. Líderes que no se cansen, que no se vendan y que sigan al frente, aunque les cueste amenazas, detenciones o denuncias fabricadas. Porque cuando los trabajadores son ignorados, la única herramienta que les queda es la movilización. Y cuando la respuesta del poder es la represión disfrazada de “justicia”, la sociedad debe alzar la voz para exigir diálogo real, no persecución.
Veracruz está mandando una señal clara: los derechos laborales no son un favor, son una conquista. Y mientras haya sindicalistas dispuestos a jugársela por sus bases, la lucha no se detendrá. Ojalá las autoridades lo entiendan antes de que la inconformidad se extienda aún más. El silencio y la represión nunca han sido buena receta para la gobernabilidad.
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