Abrazos no alcanzan para vivir con los balazos; hay miles de muertes en el país, dice el sacerdote Javier “Pato” Ávila


Ciudad de M{exico, 25 de junio (entresemana.mx)– “Los abrazos ya no nos alcanzan para vivir con los balazos”, señaló el sacerdote jesuita Javier “Pato” Ávila Aguirre, al subrayar que no se debe olvidar qué hay miles de muertes en el país que siguen manteniendo el dolor y la tristeza en sus familias.

Al dirigir la homilía en la misa de exequias en honor Joaquín César Mora Salazar, S.J. y Javier Campos Morales, S.J., y en recuerdo de Pedro Elidoro Palma, guía de turistas sesionando junto con sus hermanos, exigió al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador que revise su política y estrategia de seguridad.

“Hoy nos ha convocado la vida, no la muerte. Celébranos la eucaristía en agradecimiento por la vida de nuestros hermanos”, dijo a la vez que postuló: “sabemos perdonar y perdonamos porque tenemos el espíritu de la Paz que Dios infunde en nosotros”.

Respetuosamente pedimos, señor presidente Andrés Manuel López Obrador, revise su proyecto de seguridad pública, que no vamos bien, y esto es clamor popular. Este evento no es aislado en nuestro país, un país invadido por la violencia, por la impunidad”, recalcó..

Como dijo el Papa Francisco, ¿Cuántos asesinatos en México?. Nuestro tono es pacífico, pero alto y claro, invitando que las acciones de gobierno finalmente acaben con la impunidad. Son miles de dolientes sin voz que claman justicia. Los abrazos ya no nos alcanzan para cubrir los balazos”, dijo.

El Arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda, encabezó la misa de cuerpo presente de los sacerdotes jesuitas asesinados. La ceremonia se realizó en el templo del Sagrado Corazón de Jesús, en la capital del estado de Chihuahua.

Ante la violencia en Chihuahua, que amenaza las actividades civiles y religiosas, el Padre Ávila refrendó que “los jesuitas no abandonaremos nuestra misión y menos a nuestra gente, sabemos perdonar y perdonamos, hay dolor, pero no angustia ni rabia, hay huecos y vacíos, pero no hay ausencia. Sus nombres seguirán rebotando en el eco de los barrancos y en el susurro del viento que recorre los pinos y las montañas”.

Posteriormente, los cuerpos fueron trasladados a la Sierra Tarahumara, primero al poblado de Creel, donde se realizará otra misa en su honor, y el domingo partirán a la iglesia de Cerocahui, parroquia de San Francisco Javier, en el Municipio de Urique, donde serán sepultados el lunes.

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